Logo
Search
Close this search box.

Desafíos de la renovación litúrgica en Latinoamérica y el Caribe.

«Memoria, actualidad y desafíos de la renovación litúrgica en América Latina y el Caribe», fueron los temas abordados durante el conversatorio organizado por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), como parte del itinerario previo a las celebraciones por los 60 años de la Constitución Sacrosanctum Concilium.

En el evento estuvieron presentes monseñor Víctor Sánchez de México, monseñor Leonardo Rodríguez de Puerto Rico y el padre Guillermo Rosas de Chile. Tras los saludos y agradecimientos de monseñor Lizardo Estrada y el padre Pedro Brassesco, representantes de la presidencia del CELAM, inició el encuentro virtual

Historia que determina

Monseñor Víctor Sánchez, arzobispo de Puebla y presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica del episcopado mexicano, presentó desde el punto de vista histórico, un análisis de la renovación litúrgica según el Concilio Vaticano II y la Iglesia del continente. El prelado agradeció a Dios por el Concilio Vaticano II que en su opinión ayudó a poner al día a la Iglesia, reconociendo que la Constitución Sacrosanctum Concilium dio paso al cambio litúrgico en todo el mundo.

Reforma que se ha ido aplicada en la Iglesia continental bajo el impulso de los documentos conclusivos de las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y Caribeño efectuadas en Medellín (1968), Puebla, (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007). Tomando como punto de referencia estos documentos, el obispo mexicano reflexionó sobre la situación de la pastoral litúrgica del continente, su comprensión y los compromisos que deben asumirse para lograr que la liturgia sea un espacio de encuentro con Jesucristo.

Retomando el contenido del documento de Medellín, recordó que allí los obispos presentaron algunas líneas generales de la situación de la liturgia en el continente, caracterizada en ese tiempo, por la pluralidad de situaciones frente a su renovación y los esfuerzos que resultaron insuficientes porque faltaba una mentalización de la reforma en el clero y había una gran variedad de culturas.

Traducción y adaptación

Esto generó diversos problemas para su aplicación, especialmente en el uso de las lenguas y signos. Las traducciones de ese tiempo fueron un avance, pero los criterios que se asumieron no permitieron el grado de adaptación necesaria.

Pasando al documento de la Conferencia de Medellín, monseñor Sánchez aseguró que su contenido ilumina la realidad litúrgica latinoamericana desde elementos doctrinales y principios pastorales que se derivan de elementos como la consideración de la experiencia de la liturgia y la celebración del misterio pascual de Cristo.

Frente a la Conferencia de Puebla, el prelado recordó que su documento habla de la renovación litúrgica y sus resultados positivos, porque se ubicó en la misión de la Iglesia. Concepto que se reforzó con los nuevos libros litúrgicos y la difusión de las catequesis pre-sacramentales. No obstante, monseñor Sánchez aclaró que Puebla integró en la liturgia, la fiesta pascual y el compromiso de liberación e integración de toda la historia de nuestro pueblo.

“Una historia de salvación y de reconciliación, un compromiso de transformación social y adelanto del Reino,” afirmó.

Mientras que en Santo Domingo el culto ya no se restringía a una expresión simple de la virtud de la religión, sino que asume la Nueva Evangelización como uno de sus temas centrales, donde los obispos mencionaron el lugar y el papel de la liturgia; conscientes de que no se había logrado una plena conciencia de su significado como fuente y culmen de la vida eclesial.

Esto, para llegar finalmente a la conferencia de Aparecida que asume el compromiso de una Gran Misión Continental, convirtiendo a cada comunidad en “un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo” porque se percibió una evangelización con poco ardor y sin nuevos métodos y expresiones.

Entonces la reflexión por el ritualismo sin itinerario formativo, la marginación de otras tareas pastorales y la tendencia a una espiritualidad individualista, han de mejorarse.

Apoyo a centros de formación

Así el prelado cerró su participación asegurando que en el panorama del Magisterio latinoamericano y los principios de la reforma litúrgica del Concilio, es importante mantener como prioritaria la Nueva Evangelización, orientada hacia dos temas básicos: la formación litúrgica a todos los niveles y la necesidad de una liturgia inculturada, por lo que urge garantizar el apoyo a los Centros Superiores de formación litúrgica, para que profesores de seminarios, agentes pastorales, sacerdotes o laicos, apoyen e impulsen la pastoral litúrgica de las diócesis y parroquias que no podrá ser significativa si no está convenientemente inculturada.

Para monseñor Sánchez “cada pueblo y cada comunidad tiene que hacer suya la liturgia de la Iglesia”.

Todo ritual adquiere vida, se transforma en liturgia, sólo cuando es utilizado por una asamblea celebrativa”. Ese proceso permanente de diálogo y adaptación debe entenderse como la inculturación de la liturgia, por lo cual el logro más visible de la Constitución ha sido la celebración en la lengua de cada pueblo.

A su turno monseñor Leonardo Rodríguez, secretario Ejecutivo de CONALI en Puerto Rico, aseguró que la aplicación de la Constitución no ha sido homogénea, se ha desarrollado en tres etapasLa primera, comprendida entre 1963 y 1989 se caracterizó por la preparación de los nuevos rituales, adaptaciones y cambios, hasta 1988, año en el cual el Papa Juan Pablo II publicó la Carta Apostólica por los 25 años de la Constitución.

La segunda etapa situada entre 1990 y el año 2000, la entiende como una época de profundización con la publicación de la tercera edición del misal romano. Mientras que la última etapa ubicada entre el año 2000 y nuestros días, se destaca por una nueva generación marcada por la difuminación del conocimiento y el empuje inicial del Concilio Vaticano II.

Los desafíos del futuro

De hecho, la añoranza por la liturgia anterior a la reforma de la constitución refleja tensión entre eclesiologías, liturgia y estilos litúrgicos, lo que puede explicarse por la ausencia de formación.

Este es el camino transitado por la Sacrosanctum Concilium desde su publicación en el continente. Un análisis que nos prepara para enfrentar los desafíos del futuro.

Sobre el tema el sacerdote chileno Guillermo Rosas explicó que estos se orientan principalmente hacia la formación, la inculturación y la implementación de la pastoral litúrgica en el continente. El desafío está en una formación litúrgica más sólida y generalizada para los seminarios, casas de formación religiosa, ministros ordenados y laicos.

Igualmente aseguró que la inculturación es un desafío de importancia y debe propender por la traducción de los rituales a las lenguas vernáculas. Tarea elemental, pero que está lejos de cumplirse. También mencionó el desafío de la liturgia para los jóvenes y la valoración de sus formas celebrativas. Desafío estrechamente vinculado a la desafección que muchos de ellos sienten por la fe, la Iglesia y la liturgia.

Finalmente habló de la música litúrgica que junto a la religiosidad o piedad popular representan desafíos que deben vincularse a la liturgia. “Se trata de un desafío que en cada país o área cultural que tiene características y matices propios, de modo que no es fácil, ni necesario plantear iniciativas comunes”.

Tomado de ADN CELAM

Compartir

Suscríbete a nuestro boletín