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Vida consagrada y movimientos laicales: Retos de cara a la segunda ronda del Sínodo 2021-2024

“En el curso de los siglos, la Iglesia siempre ha experimentado el don de los carismas, gracias a los cuales el Espíritu Santo la hace rejuvenecer y la renueva, desde los más extraordinarios a los

más sencillos y ampliamente difundidos”. Así reza el capítulo 10 del informe de síntesis del Sínodo 2021-2024: La vida consagrada y los movimientos laicales: un signo carismático.

Sor María Suyapa Cacho Álvarez, religiosa vicentina de Honduras, del equipo latinoamericano de pastoral afro y garífuna, además de ser facilitadora del Sínodo 2021- 2024, habló con ADN Celam sobre el aporte de los carismas al actual camino sinodal.

Considera esencial “tejer lazos de unidad, solidaridad, comunión y fraternidad en la diversidad para que se tomen en cuenta las distintas redes de organismos comunitarios, asociaciones laicales, movimientos culturales, sociales, grupos étnicos y otras espiritualidades e intercambiar carismas para un bien común”.

Al servicio del pueblo de Dios

PREGUNTA.- ¿Qué se entiende por la dimensión carismática de la Iglesia?

RESPUESTA.- Se refiere a los diferentes carismas, dones dado a cada miembro del pueblo de Dios por la inspiración del Espíritu Santo de acuerdo a sus talentos, con el fin de ponerlo al servicio de la humanidad de acuerdo a su necesidad; la Iglesia está dotada de varios carismas a citar: las asociaciones laicales, movimientos de comunidades étnicas con sus diversas espiritualidades, vida consagrada laical, congregaciones, Institutos y sociedad de vida apostólica.

P.- ¿Cuál es el rol de la vida religiosa y sus carismas en el actual camino sinodal?

R.- En primer lugar, poner al servicio del pueblo de Dios; los dones congregacionales recibido del Espíritu Santo en función de la misión encomendada por la Iglesia: la evangelización, servicio de los pobres y otros. Desmitificar el reclutamiento de candidatos y recrearlos de acuerdo a su realidad, cultura, etnia, condición socioeconómica y espiritualidad.

Además se debe capacitar a los miembros de la vida consagrada, clero y laicos en la conversación espiritual respetando la interculturalidad, las espiritualidades multiétnicas y fomentar el ejercicio del diálogo en libertad y con sentido crítico, la escucha atenta y discernimiento para las tomas de decisiones comunitaria.

Finalmente escuchar y acompañar a los pobres en su formación, promoción humano y espiritual, defensa de su dignidad como hijos de Dios sin distinción, es decir, en sus diferentes rostros: migrantes, refugiados, pueblos originarios, garífunas, afrodescendientes y todas las diversidades étnicas del continente; los que sufren violencia, abusos, abandono, racismo, explotación, trata y tráfico, en fin; los de la periferia humana.

Renovar estructuras

P.- En sinodalidad, ¿cómo cree usted que deben darse las relaciones entre los diversos carismas de la vida consagrada, clero y laicado?

R.- Tomando en cuenta la riqueza y variedad de los carismas en la conversación en el Espíritu [Santo] con respeto, diálogo escucha y discernimiento en comunidad de hermanos, amigos, compañeros de camino de toda raza, lengua pueblo y nación; reconociendo, valorando y respetando las diferentes espiritualidades, carismas, tradiciones, costumbres, cosmovisión, lenguajes, símbolos y valores ancestrales evangélicas de los pueblos en su diversidad.

Apostando por la renovación y transformación de las estructuras, estilos de vida y nuevas formas de servicio más cercano a los pobres mostrando buenas relaciones entre clero, vida consagrada y pueblo de Dios; evitando las relaciones de pirámide y de elite cultural, social, espiritual o clerical que está dominando con autoritarismo desde arriba.

También se requiere de relaciones de fraternidad donde todos tengan la oportunidad de participar en las tomas de decisiones según el don recibido del Espíritu Santo desde la realidad, contexto étnico, cultural, histórica, regional y lenguajes con los que se expresan en la iglesia local.

Contribuyendo con la santidad mediante una presencia profética que manifieste un trato más humano, respetuoso con justicia racial, eclesial, cultural, social, donde la igualdad es oportunidad de inclusión e integración como sujetos en el proceso de evangelización inculturada.

Promoviendo encuentros de diálogos y formas de colaboración con espíritu sinodal entre las Conferencias Episcopales, Conferencias de religiosos, representantes de los distintos carismas congregacionales en diálogo interreligioso y ecuménico con la espiritualidad de pueblos originarios, afros, garífunas y otras diversidades carismáticas.

Participación activa y creativa

P.- El tema de los abusos tanto en la vida consagrada y laicado ha causado heridas, ¿Qué forma más expeditas pueden crearse para reparar a las víctimas?

R.- Creando espacios de formación para congregaciones religiosas, sacerdotales y centros educativos y de formación; donde se impliquen de forma responsable con el fin de obtener herramientas que les ayuden en el proceso de descolonización de las mentes y el conocimiento, para una evangelización inculturada e intercultural donde los pueblos, etnias y otras diversidades; sean liberados de la imposición clerical, autoritaria y colonial.

Asimismo reconocer y valorar la participación activa y creativa de los que han sido y son víctimas de la Trata y abusos de: poder, físico, psicológico, espiritual, de conciencia y de las la segregaciones raciales como ser: los afrodescendientes, garífunas, pueblos originarios y otras diversidades en la iglesia y sociedad.

Valorando y testimoniando la vivencia del diálogo fraterno, unidad en la diversidad como riqueza eclesial y congregacional e identificar los sistemas que crean y mantienen la injusticia racial en el interior de la Iglesia; combatirlos y dar vida a los procesos de sanación y reconciliación para erradicar el pecado del racismo.

Contando con el apoyo de los obispos para la inserción en el quehacer eclesial, y congregacional de la espiritualidad de los pueblos afros, garífunas, indígenas y otras diversidades eclesiales sin prejuicios; superando actitudes de colonialismo, autoritarismo y clericalismo de parte de feligreses, religiosos, obispos, misioneros y sacerdotes en las parroquias, centros educativos, centros de formación sacerdotal y religiosa donde hay presencia de las diversidades étnicas y otras diversidades.

Tomado de ADN CELAM

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