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Damián Picornell: “La soledad es un factor clave en los curas quemados”

“Los religiosos contemplativos son los que menos burnout padecían, además, muy significativamente. Quizá por un ritmo de vida pautado, una vida en comunidad, una fuerte espiritualidad… Los religiosos de vida activa tenían un poco más y el nivel se disparaba en los diocesanos, lo cual puede indicar que hay factores que pueden proteger del burnout, como es la vida en común, el apoyo de los superiores -que también se resalta- y el cuidado de la espiritualidad”

“Con un estilo en el que se vive solo, en el que el trabajo es disperso y poco reconocido, donde hay pocos vínculos sociales, no digo ya con la gente de las parroquias, sino con los compañeros sacerdotes, con los superiores, etc. la vulnerabilidad al burnout aumenta. Y al contrario, una vida con una relaciones sanas, un equilibrio entre trabajo y descanso y un buen cultivo de la espiritualidad protege del síndrome”

“Es probable que el celibato por sí mismo no produzca un nivel más alto de burnout. Lo que ocurre es que la opción del celibato va unida a un estilo de vida determinado que sí que puede influir directamente en el síndrome. Como comentábamos antes, el nivel de la soledad es altísimo a todos los niveles”.Agotamiento, sensación de bajo logro personal y reacciones hostiles. Son las tres principales señales para detectar un caso de burnout o síndrome del trabajador quemado, que también afecta a los sacerdotes, como señala en entrevista con Religión Digital Damián Picornell, párroco de la Iglesia de San Roque en Almansa (Albacete) y psicólogo.

Entre las causas de este síndrome en los curas, Picornell, autor de estudios en prestigiosas revistas científicas internacionales, señala la mayor carga de trabajo entre un colectivo cada vez más envejecido, así el impacto de la soledad, que considera “un factor clave”. En los próximos meses presentará una investigación en donde analiza el impacto del burnout entre los curas españoles. En cualquier caso, “el cuidado de la espiritualidad” es uno de los remedios que apunta para tratar de esquivar este mal, que tiene mucho que ver con los estilos de vida de quienes los sufren.

“Un virus silencioso con un gran impacto en la vida de los sacerdotes”. Así lo califican algunos estudios. ¿Cuáles serían los primeros síntomas de que un cura está ‘quemado’?

De entrada, hay que subrayar algo importante. Y es que el síndrome de burnout no es exclusivo de los sacerdotes, sino que se da en todas las profesiones. Los síntomas son parecidos. En primer lugar, hay que tener en cuenta que este síndrome es un síntoma de la enfermedad y que se desarrolla lentamente.

Hay tres aspectos que son tres señales de alarma. Una, el agotamiento emocional. La persona siente como que no tiene recursos para afrontar las demandas laborales, aunque esas, objetivamente, no sean extremas. En segundo lugar, para evitar ese agotamiento, se produce una despersonalización: aparecen reacciones químicas hostiles ante las personas, sobre todo ante demandas que se repiten. Y, por último, y como consecuencia, va creciendo una sensación de bajo logro y baja realización personal.

El burnout es una forma de estrés laboral que no se ha gestionado bien, por lo que conlleva problemas de salud física (cardiovasculares, digestivos, insomnio, etc.), y psicológica, con una fuerte relación con la depresión y la ansiedad.

Señalan también los estudios que hay una mayor preocupación por el impacto entre las generaciones más jóvenes de sacerdotes. ¿Qué factores les afectan más o han cambiado con respecto a las generaciones anteriores?

Hay factores comunes a todas las profesiones. Por ejemplo, cuando alguien empieza una nueva tarea laboral o, en el caso del ministerio, se tienen unas expectativas que suelen ser muy altas y el choque con la realidad puede favorecer el burnout.

En el caso del clero, hay que tener en cuenta que la disminución del número de sacerdotes supone un aumento de la media de edad y que, con muchísima frecuencia, los sacerdotes más jóvenes asuman una gran cantidad de tareas, cargos diocesanos y número de parroquias, en las que se ven obligados a una gran movilidad y a veces la respuesta que encuentran a sus iniciativas es muy baja o muy pobre, lo que produce una sobrecarga.

También es cierto que los sacerdotes somos hijos de nuestro tiempo y los más jóvenes forman parte de una generación, de una cultura, donde la inestabilidad emocional a veces es bastante frecuente y, sobre todo, la tolerancia a la frustración o al fracaso es también más baja. Sin duda esos factores influyen.

El sacerdote ve que todas aquellas altas expectativas y esfuerzos que ha hecho por construir una comunidad, por transmitir el evangelio, por vivir el ministerio, etc., no se han visto recompensadas y puede aparecer esa sensación de no sentirse realizado

¿Puede decirse que a los sacerdotes les afecta también la crisis de los 40?

Sí. En la evolución del burnout según la edad hay evidencias encontradas. Ahí quizás el trabajo más profundo y más representativo se hizo en las diócesis italianas hace unos años, donde aparecía que este síndrome evoluciona, por así decirlo, a picos. Empieza muy alto, luego puede bajar un poco entre los 30 y 40 años, pero luego la crisis de la mediana edad puede prolongarse y ya casi a los 45 o 50 puede repuntar.

¿Y por qué? Porque el sacerdote ve que todas aquellas altas expectativas y esfuerzos que ha hecho por construir una comunidad, por transmitir el evangelio, por vivir el ministerio, etc., no se han visto recompensadas y puede aparecer esa sensación de no sentirse realizado en el ministerio. Por eso es una edad también muy crítica y a la que sin duda hay que prestar atención.

¿Influye de alguna manera el impacto del escándalo de los abusos sexuales a menores en esta aparición del síndrome?

Al final, el síndrome del burnout se refiere a cómo es el funcionamiento habitual de la persona en su ámbito laboral. Y en el caso de los sacerdotes, también en su vida. Hasta ahora no se han realizado estudios que relacionen el nivel de burnout con las conductas de abuso a menores, cuyas causas y factores probablemente sean más complejos. Hasta ahora no se cuenta con evidencia sobre ese tema.

¿Y se resienten de que la figura del sacerdote ya no tiene la aureola de respetabilidad social que tenía hace décadas en España?

Sí. Estoy convencido de que hay factores de tipo de contexto, y ahí cabría señalar que no es exclusivo de la sociedad española, aunque en España tiene unos matices propios por la historia de anticlericalismo, pero a nivel global no se considera.

Estamos en un contexto de globalización a todos los niveles, político, económico, cultural, de valores, ético, etc. Y en un proceso de secularización no ya avanzada, sino extrema, que repercute en una baja práctica religiosa, en un descrédito de la imagen de la Iglesia, con un impacto de la tecnología en la vida y en el trabajo a todos los niveles.  

Esa imagen de que el sacerdote ejerce su rol, un rol definido en el ámbito territorial de una parroquia, y todo el mundo lo acepta, lo conoce, es una imagen cada vez más anacrónica

Y todo ello tiene repercusiones para el ministerio. Por ejemplo, los límites del ministerio son cada vez menos territoriales. Esa imagen de que el sacerdote ejerce su rol, un rol definido en el ámbito territorial de una parroquia, y todo el mundo lo acepta, lo conoce, es una imagen cada vez más anacrónica.

Los lenguajes que utilizamos muchas veces son incomprensibles para la gran mayoría social. Lo veo en mi parroquia cada día. Las expectativas que el sacerdote tiene, la respuesta de la gente o lo que espera la gente de él, también. Por esto, estimo que, a nivel global de la Iglesia, estamos llamados a leer, a interpretar de una manera nueva esta pequeñez.

Pero esta pequeñez habría que verla no simplemente como una pérdida de algo grande, bueno y valioso, sino como una llamada a resituarnos de una forma más significativa en el mundo de hoy.

Algunos estudios ponen también el acento en el problema de la soledad…

Sin duda es uno de los factores que más repercuten en el síndrome de burnout y a nivel de todas las profesiones. En el caso del clero, hay pocos estudios, salvo alguno en Brasil, en la India, y adelanto que, en un estudio que estoy preparando ahora sobre los sacerdotes en España, se comprueba que el nivel de burnout es más alto en los que viven solos que entre aquellos que lo hacen con otros sacerdotes.

Así que la soledad es un factor clave, porque se da en todos los niveles: es soledad en estilo de vida, es soledad en estilo de trabajo, soledad a nivel afectivo… Y posiblemente, para la prevención sea uno de los factores claves.

Pero hay un matiz interesante. Un estudio hecho en Brasil, en 2019, sostenía que los sacerdotes que viven con otros sacerdotes, especialmente los religiosos, tenían menos burnout. Pero cuando esos religiosos vivían como los sacerdotes diocesanos, porque tenían que atender parroquias, su nivel de burnout subía. Y eso es significativo también.

Donde parece que hay unas defensas muy fuertes frente a este síndrome es en la vida contemplativa. En ese sentido, ¿a más oración menos quemados están?

Sí. Hace ya años se hizo un estudio en Estados Unidos -posiblemente uno de los mejores- donde se comparaba el nivel de burnout entre sacerdotes diocesanos, religiosos de vida activa y religiosos contemplativos. Estos últimos eran los que menos burnout padecían, además, muy significativamente. Quizá por un ritmo de vida pautado, una vida en comunidad, una fuerte espiritualidad… Los religiosos de vida activa tenían un poco más y el nivel se disparaba en los diocesanos, lo cual puede indicar que hay factores que pueden proteger del burnout, como es la vida en común, el apoyo de los superiores -que también se resalta- y el cuidado de la espiritualidad.

Es probable que el celibato por sí mismo no produzca un nivel más alto de burnout. Lo que ocurre es que la opción del celibato va unida a un estilo de vida determinado que sí que puede influir directamente en el síndrome

Enlazando de nuevo con la cuestión de la soledad, ¿el celibato juega algún papel en la aparición del síndrome?

Son dos variables que están relacionadas. Explícitamente, sobre la relación entre el celibato y el burnout de los sacerdotes católicos, sólo hay un par de estudios en la India, que no se han ampliado. Es probable que el celibato por sí mismo no produzca un nivel más alto de burnout. Lo que ocurre es que la opción del celibato va unida a un estilo de vida determinado que sí que puede influir directamente en el síndrome. Como comentábamos antes, el nivel de la soledad es altísimo a todos los niveles.

En este sentido, sí que sería interesante replicar los estudios. Lo que ocurre es que para eso es preciso compararlo. Comparar entre grupos, no ya sólo entre sacerdotes célibes y no célibes. En Estados Unidos se han hecho algunos estudios comparando el nivel de burnout en ministros de diferentes confesiones, pero los resultados son también contradictorios, porque a veces, en pastores evangélicos que tienen familia, pareja, etc., el nivel de burnout aparecía más alto, pero por la problemática familiar.

Pero a mi modo de ver hay una variable directa que está influyendo, que es el estilo de vida. Y ahí es donde hay que insistir sin duda. Posiblemente, un celibato vivido de una manera serena, equilibrada y con vida comunitaria produzca menos o influya menos que un celibato vivido en soledad, en movilidad geográfica, en trabajo disperso.

¿Y qué estilo de vida según eso sería el idóneo para conjurar estos males?

El estilo de vida se adopta en psicología cuando se estudia una perspectiva funcional. Es decir, cómo funciona la persona. Inmediatamente, cuando he hablado de esto con sacerdotes, suelen decir ‘no, yo no soy un funcionario’. Y no, no se trata de eso, sino de cómo funcionas en tu vida. En concreto, cómo vives, dónde vives, incluso las condiciones materiales. En segundo lugar, cómo trabajas y dónde trabajas y con quién y para quién. En tercer lugar, cómo son tus relaciones sociales. Y, añadiendo, además, en el caso de los sacerdotes, cómo cuidas tu espiritualidad.

Indudablemente, un estilo en el que se vive solo, en el que el trabajo es disperso y poco reconocido, donde hay pocos vínculos sociales, no digo ya con la gente de las parroquias, sino con los compañeros sacerdotes, con los superiores, etc. la vulnerabilidad al burnout aumenta. Y al contrario, una vida con una relaciones sanas, un equilibrio entre trabajo y descanso y un buen cultivo de la espiritualidad protege del síndrome.

¿Cuál sería el prototipo de una personalidad proclive a sufrir este síntoma en los sacerdotes?

Influyen dos tipos de factores. Entre los individuales, existen evidencias claras de que un estilo de personalidad con baja estabilidad emocional, rigidez cognitiva e introversión está relacionado con niveles más altos de burnout. En estos casos, las capacidades para afrontar el estrés son limitadas. Luego están los factores sociolaborales y organizacionales, que son de gran importancia. Por ejemplo: la carga de trabajo, la relación y apoyo por compañeros y superiores, la organización de las diócesis, etc.

¿Habría que introducir este tema en la formación de los seminaristas como una manera de prevención?

Es urgente potenciar una cultura de prevención del burnout, en todas las profesiones y también en la Iglesia. Por supuesto, desde la formación en el seminario y en los primeros años de ministerio. Pero también en todas las franjas de edad y tipo de ministerio, con un acompañamiento diferenciado, en el que será clave potenciar las fortalezas personales y organizacionales.

Tomado de RELIGIÓN DIGITAL

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