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Emilio Lavaniegos: “No debe extrañar que los sacerdotes necesiten ayuda, su ministerio es un camino extraordinario”

“Cuando surgen dificultades en la vida sacerdotal es necesario compartirlas, dejarse ayudar por distintas personas”

“El ministerio sacerdotal no es un camino solitario, sino una obra de colaboración: todos los sacerdotes pertenecen a un solo presbiterio y comparten una única misión”

“Los obispos juegan un papel determinante en el acompañamiento a los sacerdotes, ellos saben que esta es una de sus principales responsabilidades. Habitualmente dedican a este fin tiempo y esfuerzos. También necesitan ayuda en este punto tan delicado, sobre todo cuando se trata de dificultades complejas”

“Hay dificultades que se originan en el ámbito pastoral: la sensación de tener poco apoyo y pocos colaboradores, el exceso de trabajo y de responsabilidades, las críticas excesivas e incluso la difamación”

Un proceso de crecimiento integral en donde, en función de las necesidades de los sacerdotes, participan también médicos, psicólogos, psiquiatras, nutricionistas, preparadores físicos… “Realmente es algo que le vendría bien no solo a cualquier sacerdote, sino a cualquier persona”, subraya Emilio Lavaniegos, director de la Residencia Mosén Sol, puesta en marcha en el municipio castellonense de Alquerías del Niño Perdido por la Hermandad Sacerdotal de los Operarios Diocesanos para atender en las “dificultades y desafíos” que se les presentan a los curas a lo largo de su ministerio

Dificultades que, según señala en conversación con Religión Digital, aparte de las que son comunes a cualquier persona, tienen también una vertiente espiritual y pastoral, como “la sensación de tener poco apoyo y pocos colaboradores, el exceso de trabajo y de responsabilidades, las críticas excesivas e incluso la difamación…”. 

¿Qué ha llevado a los Operarios Diocesanos a poner en marcha la Residencia Mosén Sol?

Manuel Domingo y Sol, el fundador de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos decía: “Esta obra está destinada a vivir con el sacerdocio y a trabajar por el sacerdocio”. La Residencia Mosén Sol “está destinada a la formación permanente integral de sacerdotes diocesanos, particularmente de aquellos que han pasado por dificultades” (Estatuto de la Residencia, 1). Se sustenta en tres pilares: “El deseo del sacerdote de reavivar la propia vocación, el clima de acogida y respeto, expresión de la fraternidad sacramental y la aceptación profunda de las dificultades y desafíos que se les presentan” (Lineamientos de formación de la Residencia, 1).

En ella ofrecen un “acompañamiento integral”. ¿En qué consiste exactamente?

El proceso de crecimiento integral que ofrece esta Residencia tiene como base una comunidad fraterna en la que se ponen en práctica el estudio, la oración, el trabajo, la dirección espiritual, el acompañamiento, el deporte, la convivencia diaria… Además, contamos con un conjunto de profesionales que intervienen en la medida en que sea necesario: médicos, psicólogos, psiquiatras, nutricionistas, preparadores físicos… Es procurar el crecimiento de todas las dimensiones de la persona. Realmente es algo que le vendría bien no solo a cualquier sacerdote, sino a cualquier persona.

Ponerse en salida

En unas jornadas, usted ha invitado a ayudar a salir a los sacerdotes de su ‘zona de confort’. ¿A qué se refiere? ¿Cómo es esa zona y cómo se llega a ella?

Hoy se habla de “zonas de confort”, antiguamente se utilizaba la expresión “acomodarse”. Es lo mismo. En cualquier forma de vida o profesión es fácil habituarse a realizar una serie de actividades, cumpliendo formalmente con lo necesario, pero sin “espíritu”. Esto también ocurre en el ministerio sacerdotal. Por eso se hace necesario reavivar el don recibido (Cf 2Tm 1,6), retomar fuerzas, recuperar el amor primero (Cf Ap 2,4). Salir de la zona de confort equivale a lo que el Papa Francisco señala como ponerse en salida (Cf Ev.Gau 20-24).

La ‘Ratio fundamentalis’ insiste en la importancia de la formación permanente y el acompañamiento sacerdotal, incluso se habla del valor de crear comunidad, cuando se sabe que el sacerdote pasa mucho tiempo en soledad. ¿Es este uno de los problemas que más afectan a lo largo de la vida ministerial?

El ministerio sacerdotal no es un camino solitario, sino una obra de colaboración: todos los sacerdotes pertenecen a un solo presbiterio y comparten una única misión. Además, cuentan con muchos colaboradores laicos y con la inestimable ayuda de las personas consagradas. Por eso, cuando surgen dificultades en la vida sacerdotal es necesario compartirlas, dejarse ayudar por distintas personas, según la competencia de cada una de ellas. No es bueno que el hombre esté solo, afirma el autor bíblico (Cf Gn 2, 18). Es en este ámbito eclesial y profesional donde todos podemos encontrar la ayuda adecuada (Íbid.); .

¿Qué papel juegan los obispos en este acompañamiento a sus sacerdotes? ¿Cree que se cuida suficientemente?

Los obispos juegan un papel determinante en el acompañamiento a los sacerdotes, ellos saben que esta es una de sus principales responsabilidades. Habitualmente dedican a este fin tiempo y esfuerzos. También necesitan ayuda en este punto tan delicado, sobre todo cuando se trata de dificultades complejas. La relación de la Residencia con los obispos es muy positiva, ellos siguen con interés la evolución de los sacerdotes e intentan sostenerlos con su oración y su cercanía.

“Hay dificultades que se originan en el ámbito pastoral: la sensación de tener poco apoyo y pocos colaboradores, el exceso de trabajo y de responsabilidades, las críticas excesivas e incluso la difamación…”

Aparte del de la soledad, ¿cuáles serían los mayores problemas que pueden surgir a la lo largo de la vida de un sacerdote? ¿Son distintos a los que pueden darse en los religiosos y religiosas, por ejemplo?

Las dificultades que puede tener un sacerdote son muy similares a las que tiene cualquier persona. La mayoría de ellas se refieren a la dimensión “humana”: dificultades de salud física o psíquica, dificultades en las relaciones y la convivencia… Otras proceden de la dimensión espiritual: dificultades en su vida de fe y su identidad, el cansancio que normalmente sobreviene a mitad de la vida, la dificultad para sostener una entrega personal… También hay dificultades que se originan en el ámbito pastoral: la sensación de tener poco apoyo y pocos colaboradores, el exceso de trabajo y de responsabilidades, las críticas excesivas e incluso la difamación…

La ‘Ratio fundamentalis’ insiste en la importancia de la formación permanente y el acompañamiento sacerdotal, incluso se habla del valor de crear comunidad, cuando se sabe que el sacerdote pasa mucho tiempo en soledad. ¿Es este uno de los problemas que más afectan a lo largo de la vida ministerial?

El ministerio sacerdotal no es un camino solitario, sino una obra de colaboración: todos los sacerdotes pertenecen a un solo presbiterio y comparten una única misión. Además, cuentan con muchos colaboradores laicos y con la inestimable ayuda de las personas consagradas. Por eso, cuando surgen dificultades en la vida sacerdotal es necesario compartirlas, dejarse ayudar por distintas personas, según la competencia de cada una de ellas. No es bueno que el hombre esté solo, afirma el autor bíblico (Cf Gn 2, 18). Es en este ámbito eclesial y profesional donde todos podemos encontrar la ayuda adecuada (Íbid.); .

¿Qué papel juegan los obispos en este acompañamiento a sus sacerdotes? ¿Cree que se cuida suficientemente?

Los obispos juegan un papel determinante en el acompañamiento a los sacerdotes, ellos saben que esta es una de sus principales responsabilidades. Habitualmente dedican a este fin tiempo y esfuerzos. También necesitan ayuda en este punto tan delicado, sobre todo cuando se trata de dificultades complejas. La relación de la Residencia con los obispos es muy positiva, ellos siguen con interés la evolución de los sacerdotes e intentan sostenerlos con su oración y su cercanía.

“Hay dificultades que se originan en el ámbito pastoral: la sensación de tener poco apoyo y pocos colaboradores, el exceso de trabajo y de responsabilidades, las críticas excesivas e incluso la difamación…”

Aparte del de la soledad, ¿cuáles serían los mayores problemas que pueden surgir a la lo largo de la vida de un sacerdote? ¿Son distintos a los que pueden darse en los religiosos y religiosas, por ejemplo?

Las dificultades que puede tener un sacerdote son muy similares a las que tiene cualquier persona. La mayoría de ellas se refieren a la dimensión “humana”: dificultades de salud física o psíquica, dificultades en las relaciones y la convivencia… Otras proceden de la dimensión espiritual: dificultades en su vida de fe y su identidad, el cansancio que normalmente sobreviene a mitad de la vida, la dificultad para sostener una entrega personal… También hay dificultades que se originan en el ámbito pastoral: la sensación de tener poco apoyo y pocos colaboradores, el exceso de trabajo y de responsabilidades, las críticas excesivas e incluso la difamación…

El Papa Francisco no se cansa de advertir del peligro del chismorreo en la vida diaria de la Iglesia, que, según sus palabras, “es una peste más fea que el covid”. ¿Se ha encontrado usted en su experiencia con sacerdotes afectados por los efectos de esta ‘peste’? ¿Son especialmente sensibles los consagrados a sus efectos?

El Papa Francisco suele referirse al chismorreo en la vida diaria de la Iglesia, que, según sus palabras, “es una peste más fea que el covid”. Tristemente esto se repite una y otra vez y, lógicamente afecta a las personas. ¿Cómo no va a representar un peso que se hagan chismes sobre uno? La solución para esto es muy simple, y vale para todo ámbito de convivencia humana: habla bien de todas las personas, intentando comprender sus motivos y, si no puedes, corrígelo con amor, tratando los problemas con quien puede remediarlos y evitando toda clase de difamación. Nadie tiene derecho a difamar a los demás.

Tomado de RELIGIÓN DIGITAL

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