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Francisco: “Ser discípulo del Señor no es un disfraz religioso, sino una forma de vida”

El Papa Francisco recibió esta mañana a los mil participantes en el Congreso Internacional sobre la formación permanente de los sacerdotes promovido por el Dicasterio para el Clero, en colaboración con los Dicasterios para la Evangelización y para las Iglesias Orientales.

Formar sacerdotes significa servirles, servir sus vidas, animar su camino, ayudarlos en su discernimiento, acompañarlos en las dificultades y apoyarlos en los retos pastorales. “El sacerdote así formado, a su vez, se pone al servicio del pueblo de Dios, está cerca de la gente y, como Jesús en la cruz, se hace cargo de todos”, les dijo el Papa.

El Papa Francisco recibió esta mañana a los mil participantes en el Congreso Internacional sobre la formación permanente de los sacerdotes promovido por el Dicasterio para el Clero, en colaboración con los Dicasterios para la Evangelización y para las Iglesias Orientales.

Recomendó a cada uno que, para ser discípulos del Señor, es necesario una formación humana integral. “Ser discípulo del Señor no es un disfraz religioso, sino que es una forma de vida, y por tanto, dijo, requiere que cuidemos nuestra humanidad”. “Hacen falta sacerdotes plenamente humanos, capaces de buenas relaciones, maduros para afrontar los retos del ministerio, para que el consuelo del Evangelio llegue al pueblo de Dios a través de su humanidad transformada por el Espíritu de Jesús”. Deben permanecer unidos al Pueblo de Dios, esta pertenencia, les dijo, les custodia, les sostiene en sus fatigas, les acompaña en las angustias pastorales y les protege del riesgo de desconectarse de la realidad y sentirse omnipotentes.

El Pontífice agradeció a los prefectos de los Dicasterios involucrados y a todos los que se han esforzado en la preparación de esta cita. Para muchos de los participantes, dijo, no ha sido fácil venir a Roma. Francisco les expresó su gratitud por la labor que realizan en sus diócesis y en sus países, por el servicio que prestan, el cual también ha sido puesto de relieve en la encuesta realizada con vistas a este Congreso.

Días de intercambio de las buenas prácticas

“Durante estos días, tienen la gracia de intercambiar las buenas prácticas, de debatir sobre los desafíos y problemáticas y de escrutar los horizontes futuros de la formación sacerdotal en esta época cambiante; siempre mirando hacia adelante, siempre dispuestos a echar de nuevo las redes como nos pide la Palabra del Señor (cf Lc 5,4-5; Jn 21,6). Se trata de caminar en busca de instrumentos y lenguajes que ayuden a la formación sacerdotal, sin pensar que se tienen todas las respuestas en la mano, sino confiando en poder encontrarlas a lo largo del camino”.

En estos días, del 6 al 10, pues, “escúchense unos a otros, e inspírense en la invitación que el apóstol Pablo dirige a Timoteo y que da título a vuestro Congreso: «Reaviva el don de Dios que has recibido» (2 Tm 1,6). La belleza de ser discípulos hoy. Una formación única, integral, comunitaria y misionera”. Y pidió el Papa a cada uno que reaviven el don, redescubran la unción, aviva el fuego para que no se apague el celo del ministerio apostólico.

Cómo reavivar el don recibido

Para reavivar el don recibido, el Papa les indicó tres direcciones en el camino que están recorriendo: la alegría del Evangelio, la pertenencia al pueblo y la generatividad del servicio.

Francisco recordó que en el corazón de la vida cristiana está el don de la amistad con el Señor, que nos libera de la tristeza del individualismo y del riesgo de una vida sin sentido, sin amor y sin esperanza. “La alegría del Evangelio, la buena noticia que nos acompaña es precisamente ésta: somos amados por Dios con ternura y misericordia”. Y afirmó que están llamados a hacer resonar este “anuncio gozoso en el mundo, testimoniándolo con nuestra vida, para que todos descubran la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado (cf. Evangelii gaudium, 36)”. Les recordó las palabras de San Pablo VI: sean testigos antes que maestros (cf. Evangelii nuntiandi, 41), testigos del amor de Dios, dijo, que es lo único que importa.

Este es un fundamento de la formación permanente que sirve no sólo a los sacerdotes, señaló, sino a todo cristiano, como también lo subraya la Ratio fundamentalis: sólo si somos y permanecemos discípulos, podremos llegar a ser ministros de Dios y misioneros de su Reino.

“Sólo acogiendo y custodiando la alegría del Evangelio podremos llevar este gozo a los demás. En la formación permanente, por tanto, no olvidemos que somos siempre discípulos en camino y que esto constituye, en todo momento, lo más hermoso que nos haya sucedido, por gracia de Dios”.

Ser discípulo no es un disfraz religioso

Para ser discípulos del Señor, es necesario una formación humana integral. Porque afirmó Francisco, ser discípulo del Señor no es un disfraz religioso, sino que es una forma de vida, y por tanto, agregó,  requiere que cuidemos nuestra humanidad. “No puede haber sacerdote si antes no hay hombre”.

Por tanto, Francisco aconsejó que dediquen “todas sus energías y recursos al cuidado de la formación humana. Hacen falta sacerdotes plenamente humanos, capaces de buenas relaciones, maduros para afrontar los retos del ministerio, para que el consuelo del Evangelio llegue al pueblo de Dios a través de su humanidad transformada por el Espíritu de Jesús. No olvidemos nunca el poder humanizante del Evangelio”.

Pertenecer al Pueblo de Dios

Sólo permaneciendo unidos podemos ser discípulos misioneros, les afirmó, y agregó que sólo pueden vivir el ministerio sacerdotal estando bien insertados en el pueblo sacerdotal, del que también nosotros, agregó, procedemos.

“Esta pertenencia al pueblo —sin sentirnos nunca separados del camino del santo pueblo fiel de Dios— nos custodia, nos sostiene en nuestras fatigas, nos acompaña en las angustias pastorales y nos protege del riesgo de desconectarnos de la realidad y sentirnos omnipotentes. Tengamos cuidado, porque ésta es también la raíz de todas las formas de abuso”.

Permanecer en el Pueblo de Dios significa que la formación sacerdotal no se conciba como “separada”, sino que sepa aprovechar la contribución del pueblo de Dios: “de los sacerdotes y de los fieles laicos, de los hombres y de las mujeres, de las personas célibes y de los matrimonios, de los ancianos y de los jóvenes, sin olvidar a los pobres y a los que sufren, que tienen tanto que enseñarnos”.

“En la Iglesia, de hecho, existe una reciprocidad y circularidad entre estados de vida, vocaciones, ministerios y carismas. Y esto requiere de nosotros la humilde sabiduría de aprender a caminar juntos, haciendo de la sinodalidad un estilo de vida cristiana y de la misma vida sacerdotal. A los sacerdotes, sobre todo hoy, se les pide el compromiso de hacer “ejercicios de sinodalidad”. Recordémoslo siempre, afirmó el Papa: “caminar juntos; el sacerdote siempre junto al pueblo al que pertenece, pero también unidos al obispo y al presbiterio. ¡No descuidemos la fraternidad sacerdotal!”

Servir: carácter distintivo de los ministros de Cristo

Los ministros de cristo deben servir. Es su carácter distintivo. El Maestro, remarcó por último, nos lo manifestó a lo largo de toda su vida y, en particular, durante la Última Cena, cuando lavó los pies a los discípulos. Desde la perspectiva del servicio, “la formación no es una operación extrínseca, la transmisión de una enseñanza, sino que se convierte en el arte de poner al otro en el centro, resaltando su belleza, lo bueno que lleva dentro, poniéndole de manifiesto sus dones y también sus sombras, sus heridas y sus deseos”.

Y así, señaló el Pontífice, formar sacerdotes significa servirles, servir sus vidas, animar su camino, ayudarlos en su discernimiento, acompañarlos en las dificultades y apoyarlos en los retos pastorales. “El sacerdote así formado, a su vez, se pone al servicio del pueblo de Dios, está cerca de la gente y, como Jesús en la cruz, se hace cargo de todos”.

“Hermanos y hermanas, fijémonos en esta cátedra de la Cruz. Desde allí, amándonos hasta el extremo (cf. Jn 13,1), el Señor hizo nacer un pueblo nuevo. Y también nosotros, cuando nos ponemos al servicio de los demás, cuando nos convertimos en padres y madres para quienes nos han sido confiados, generamos la vida de Dios. Este es el secreto de una pastoral generativa: no de una pastoral en la que nosotros somos el centro, sino de una pastoral que genera hijas e hijos a la vida nueva en Cristo, que lleva el agua viva del Evangelio al terreno del corazón humano y del tiempo presente”.

Tomado de RELIGIÓN DIGITAL

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