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Francisco: “Una Iglesia que no intenta hablar de forma comprensible a su tiempo es una Iglesia enferma”

“Una Iglesia que no siente pasión por el crecimiento espiritual, que no intenta hablar de forma comprensible
a los hombres y mujeres de su tiempo, que no siente dolor por la división entre los cristianos, que no tiembla con el afán de anunciar a Cristo a las naciones, es una Iglesia enferma”

60 años de Sacrosanctum Concilium: “Una profunda obra de renovación espiritual, pastoral, ecuménica y misionera”

Sin encuentro con Cristo, añade el Papa, “no puede haber reforma de la Iglesia”, de ahí la centralidad de la liturgia, y de la formación litúrgica.

“Una Iglesia que no siente pasión por el crecimiento espiritual, que no intenta hablar de forma comprensible

a los hombres y mujeres de su tiempo, que no siente dolor por la división entre los cristianos, que no tiembla con el afán de anunciar a Cristo a las naciones, es una Iglesia enferma”. El Papa Francisco ha lanzado un llamamiento a la continua conversión de la Iglesia durante la audiencia a la plenaria del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

Con los ecos del último documento vaticano, que alerta de la celebración de sacramentos ‘inválidos’ por formas litúrgicas abusivas, el Papa quiso reivindicar los sesenta años de la promulgación de la Sacrosanctum Concilium, con la que “los padres declararon la finalidad del Concilio” y que “no deja de entusiasmarnos” por su vocación para “reformar la Iglesia en sus dimensiones fundamentales: hacer crecer cada día más la vida cristiana de los fieles; adaptar mejor las instituciones sujetas a cambios a las necesidades de nuestro tiempo; fomentar lo que puede contribuir a la unión de todos los creyentes en Cristo; revigorizar lo que sirve para llamar a todos al seno de la Iglesia”.

“Una profunda obra de renovación espiritual, pastoral, ecuménica y misionera”, reconoció Bergoglio, quien insistió en que “sin reforma litúrgica no hay reforma de la Iglesia”. Entendiendo, esto sí, la liturgia “en sentido teológico”, con las palabras con las que arranca este artículo, y que también aparecían, hace seis décadas, en los padres conciliares: “Una Iglesia que no siente pasión por el crecimiento espiritual, que no intenta hablar de forma comprensible a los hombres y mujeres de su tiempo, que no siente dolor por la división entre los cristianos, que no tiembla con el afán de anunciar a Cristo a las naciones, es una Iglesia enferma”.

Y es que, para Francisco, “toda reforma de la Iglesia es siempre una cuestión de fidelidad esponsal: la Iglesia Esposa será siempre más bella cuanto más ame a Cristo Esposo, hasta el punto de pertenecerle totalmente”. Sin encuentro con Cristo, añade el Papa, “no puede haber reforma de la Iglesia”, de ahí la centralidad de la liturgia, y de la formación litúrgica.

Reforma litúrgica en colaboración con otros dicasterios

Una formación que, aclaró el Papa, “no se trata de una especialización para unos pocos expertos, sino de una disposición interior de todo el pueblo de Dios”, sino de “que los pastores sepan conducir al pueblo al buen pasto de la celebración litúrgica, donde el anuncio de Cristo muerto y resucitado se convierte en experiencia concreta de su presencia transformadora de la vida”. Un trabajo que, en virtud de la “colaboración sinodal”, no debe girar únicamente en torno de Culto Divino, sino que también ha de ser tratada con los dicasterios para la Cultura y la Educación, Clero e Institutos de Vida Consagrada, “de modo que cada uno ofrezca su aportación específica”.

Y, también, surge la preocupación relevante por la formación “al pueblo de Dios”, y su participación, especialmente en “momentos en los que el pueblo participa más en las celebraciones y en su preparación: pienso en las fiestas patronales, o en los sacramentos de la iniciación cristiana“. “Preparados con cuidado pastoral, se convierten en ocasiones propicias para que las personas redescubran y profundicen el sentido de celebrar hoy el misterio de la salvación”, recalcó el Papa.

“Queridos hermanos, vuestra tarea es grande y hermosa: trabajar para que el pueblo de Dios crezca en la conciencia y en la alegría del encuentro con el Señor celebrando los santos misterios y, en el encuentro con Él, tenga vida en su nombre”, finalizó el Pontífice.

Tomado de RELIGIÓN DIGITAL

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