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EL DIÁLOGO CON EL PROPIO OBISPO

 “No se puede ser un buen sacerdote sin un diálogo filial con el Obispo”. Esta exhortación del Papa Francisco se dio en una audiencia concedida a los seminaristas de la diócesis italiana de Agrigento el 24 de noviembre de 2018. El Papa, en reiteradas ocasiones, ha hablado sobre cuatro pilares o proximidades que considera importantes para que el sacerdote ponga en práctica y, de ese modo, reavivar y fecundar su ministerio sacerdotal. Las cuatro proximidades de las que nos habla el Papa son: cercanía con Dios, cercanía con el Obispo, proximidad entre presbíteros y cercanía al pueblo. Estos cuatro pilares son interdependientes y se conectan y relacionan en su totalidad, sin embargo, el que nos convoca en esta oportunidad es el segundo, que es la cercanía que deben tener los sacerdotes con el Obispo.

El Obispo, como pastor de la iglesia particular, es quien tiene encomendada la tarea de guiar el rebaño de sacerdotes a su cargo. De ahí que sea quien tiene a su disposición la misión que va a encomendar a cada uno de sus ministros y que se convierte en horizonte apostólico. Además, la proximidad con el Obispo permite un mejor discernimiento en momentos de crisis vocacional o dificultades pastorales. Dice el Papa: “El Obispo es un padre que ayuda a crecer, es un padre que prepara para la misión. Cuanto más conozca el Obispo al sacerdote, menos peligro habrá de equivocarse en la misión”. Por eso es importante la apertura hacia el Obispo, dejarnos conocer, ser sinceros con nuestras realidades personales y pastorales, de modo que el Obispo pueda ayudarnos cuando lo considere necesario.

Vale la pena decir, que esta cercanía con el Obispo no se entiende de forma unilateral, es decir, no es exclusivamente un llamado a los sacerdotes, sino también a los obispos, para que establezcan canales y estrategias de comunicación que les permitan cercanía con los ministros ordenados de su diócesis. El Papa insiste que el Obispo no es un monitor o un vigilante, sino un padre y, por tanto, como padre debe propiciar dicha cercanía que le permita ser un vínculo que ayuda a discernir la voluntad de Dios.

Adicionalmente, el Papa hace referencia a la relación entre la obediencia y la proximidad con el Obispo. Se nos invita, en este sentido, a optar libre y voluntariamente por un acto de obediencia que nos mantenga en comunión con la Iglesia, a través de la relación cercana con nuestro Obispo, con los demás presbíteros y con el pueblo. Sin embargo, el Papa es enfático en decir que la obediencia no implica la renuncia a la libertad individual y, en cambio, nos invita a expresar nuestras opiniones con respeto, asertividad y sinceridad. Es decir, esta cercanía con el obispo debe ayudarnos a fortalecer la confianza, la capacidad de escucha, de autocrítica y la posibilidad de dejarnos ayudar en momentos de dificultad.

Cuando ponemos en práctica esta cercanía y proximidad con nuestro Obispo, logramos mayor claridad respecto a las tareas que nos han sido encomendadas. Es decir, no seremos ruedas sueltas trabajando sin sentido de unidad en una diócesis, sino miembros activos de una comunidad que rema en la misma dirección y hacia el mismo fin. Cuanto más estemos en diálogo constante con nuestro Obispo, más apoyo recibiremos para mejorar nuestra vocación de servicio al pueblo de Dios.

Por lo tanto, dejamos abierta la invitación para que continuemos en relación próxima con nuestros Obispos, y permitamos que este nos acompañe, nos aconseje y nos fortalezca en nuestro ministerio sacerdotal. Pidamos a nuestras diócesis que se propicien espacios constantes de escucha, estrategias de comunicación con el Obispo y recemos constantemente por ellos, para que sean Pastores que estén amorosamente atentos de su rebaño, abiertos al diálogo constante con sus sacerdotes y comprometidos con el fortalecimiento de nuestra misión evangelizadora.

PADRE JOHN FREDY CÓRDOBA BEDOYA

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