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LA FRATERNIDAD ENRIQUECEDORA

Es muy importante para el sacerdote, sentir el afecto, el apoyo, la amistad sincera de sus hermanos. La vida fraterna constituye un espacio privilegiado para la expansión plena del ‘sentido de intimidad’… Los hermanos de comunidad y de sacerdocio son nuestros prójimos más ‘próximos’, junto con nuestra familia. Con ellos compartimos los valores e ideales que nos unen, a pesar de las omnipresentes ‘diferencias individuales’, de la diversidad de caracteres, edades, mentalidades y culturas.

La fraternidad sacerdotal y religiosa juega un papel muy importante en la búsqueda de una verdadera madurez personal y comunitaria, de quienes están consagrados al servicio de Dios como ministros de su Iglesia. A este empeño deberían dedicarse esfuerzos significativos continuos en la vida de todos los presbiterios y de todas las comunidades religiosas, pues tales esfuerzos redundarían, ciertamente, en frutos incalculables para el desempeño de la misión a ellos encomendada.

Ya lo decía el Papa Pablo VI, en su extraordinaria encíclica Sacerdotalis Celibatus, que la castidad sacerdotal se incrementa, protege y defiende también con un género de vida, con un ambiente y con una actividad propias de un ministro de Dios; por lo que es necesario fomentar al máximo aquella ‘intima fraternidad sacramental de la que todos los sacerdotes gozan en virtud de la sagrada ordenación.

La fraternidad se construye penosa y lentamente, con esfuerzo y sacrificio. No es una meta fácil. Pero cuando se logra un ambiente de espontaneidad, confianza mutua, aprecio y respeto, de afecto verdadero entre sacerdotes y religiosos (y la experiencia demuestra que puede conseguirse), se cosecharán, en este terreno fértil y abonado, cinco frutos preciosos de la intimidad: a) La oración compartida. b) El trabajo apostólico compartido. c) El descanso compartido. d) Las pruebas y dificultades compartidas, y por lo tanto aliviadas. e) Las alegrías, los triunfos y los éxitos también compartidos y, por lo mismo, ¡jacrecentados!

Queridos hermanos sacerdotes, hagamos de nuestra fraternidad un verdadero estilo de vida.

Padre Carlos

Director del Instituto de Pastoral del Clero.

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