Nace en el seno de una familia emeritense, Mérida (España), cristiana y labradora, el 25 de Julio de 1638 y muere el 24 de julio de 1690, en la misión heroica hospitalaria y pastoral de los enfermos del cólera, epidemia que diezmaba la ciudad de cordobesa (España).
Educado en la fe, la esperanza y la caridad Cristiana, creció en los valores del Evangelio y desarrolló su personalidad en las actitudes propias de los servidores de Dios y del prójimo necesitado.
De mente inteligente, siempre superior a su edad cronológica y de carácter alegre, bondadoso, paciente, dócil, fraterno, siempre con las manos abiertas, disponible para servir. Vive su infancia y su juventud motivado y misionado por Jesús Nazareno para poner su fuerza joven al servicio voluntario de las necesidades ajenas, tanto familiares como sociales, según los reclamos de la sociedad emeritense, que en aquel tiempo sufría las consecuencias de la guerra hispano portuguesa, que ocasionaría la independencia de Portugal.
Misionero voluntario en el único hospital emeritense que quedaba y que sufría la carencia de fuerza joven para atender a enfermos y heridos generados por la guerra, a quienes él veía como imágenes de Cristo doliente.
Cuando habiendo alcanzado entre muchas dificultades de tiempo y recursos, el estado sacerdotal, es enviado como ayudante de sacerdote castrense a los campos de batalla, para atender las necesidades espirituales y sanitarias de los sufridos soldados. Su primer biógrafo lo describe como un ángel solícito por todos, en medio de los horrores de la guerra, pues se arriesgaba por amor, hasta la misma línea de fuego.
Al salir con vida de aquel horror, por la Divina Providencia, siente la nueva llamada del Señor y después de dura lucha deja su casa, su familia y su querida tierra y marcha al desierto cordobés donde Dios le llama.
Al desierto llega, enviado por el Señor para hacerle santo, capaz de renovar la vida eremítica de aquellos monjes, que por entonces estaba en decadencia. Con su ejemplo convirtió el eremos en morada de hombres de Dios.
Pero como fue elegido por Dios para que llenar el vació de los otros, cuando hubo cumplido esta misión, el Señor lo sacó de esta soledad, y lo bajó a Córdoba (España) para ser el remedio de las urgentes necesidades que sufrían los pobres.
Comenzó buscando sitio para recoger a tanto pobre. Lo encontró providencialmente en la Cofradía de Jesús Nazareno, que gratuitamente le donó su pequeño hospitalito de seis camas, donde traía personalmente a hombros a las pobres ancianas abandonadas, solucionaba los problemas de la niñez y juventud abandonada y de los mendigos y necesitados de toda clase.
El fuego de caridad de este buen samaritano encendió la generosidad dormida de los ciudadanos cordobeses, que a la vista de su ejemplo se volcaron en su ayuda, con limosnas, donaciones e incluso entregándose a sí mismos como voluntarios de su magnífica misión de amor gratuito. Con estos y sus ermitaños del desierto fundó la Congregación Hospitalaria de Jesús Nazareno, que dilató y extendió su obra de amor por toda la ciudad y fuera de ella, hasta alcanzar hoy las tierras de América.
En 1690, el cólera infecta la ciudad. El P. Cristóbal cuida a los afectados por la epidemia dentro y fuera del hospital Jesús Nazareno, y queda también contagiado. Muere el 24 de julio de 1690.
Beatificado por S.S. Benedicto XVI el 20 de diciembre del 2012.







