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San Alfonso María Ligorio

Nació en Nápoles (Italia) el 27 de septiembre de 1696. Para conservar la pureza de su alma se escogió un director espiritual, visitaba frecuentemente a Jesús Sacramentado, rezaba con gran devoción a la Virgen Santísima y huía como de la peste de todos los que tuvieran malas conservaciones.  Se dedicaba a visitar enfermos, y un día en un hospital de incurables le parece que Jesús le dice: “Alfonso apártate del mundo y dedícate sólo a servirme a mí”. Emocionado le responde: “Señor, ¿qué queréis que yo haga?”. Y se dirige luego a la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced y ante el sagrario hace voto de dejar el mundo. Y como señal de compromiso deja su espada ante el altar de la Santísima Virgen. A los 30 años es ordenado sacerdote. Junto con otros sacerdotes, el 9 de noviembre de 1732, fundó la Congregación del Santísimo Redentor (o Padres Redentoristas). Y a imitación de Jesús se dedicaron a recorrer ciudades, pueblos y campos predicando el evangelio. Su lema era el de Jesús: “Soy enviado para evangelizar a los pobres”.

Es admirable cómo a san Alfonso le alcanzaba el tiempo para hacer tantas cosas. Predicaba, confesaba, preparaba misiones y escribía y escribía y no se cansaba de escribir. Hay una explicación: había hecho voto de no perder ni un minuto de su tiempo. Y aprovechaba este tesoro hasta el máximo. Al morir deja ciento once libros y opúsculos impresos y dos mil manuscritos. Para su libro más famoso, Las Glorias de María, empezó san Alfonso a recoger materiales cuando tenía 38 años y terminó de escribirlo a los 54 años, en 1750. En 1762 el Papa lo nombró obispo de Santa Águeda. Quedó aterrado y dijo que renunciaba a ese honor. Pero el Papa no le aceptó la renuncia. Entonces exclamó: “Cúmplase la Voluntad de Dios. Este sufrimiento por mis pecados” y aceptó. Tenía 66 años.

Su delicia era pasar las horas junto al Santísimo Sacramento. A veces se acercaba al sagrario, tocaba a la puertecilla y decía: “¿Jesús, me oyes”?

Le encantaba que le leyeran Vidas de los Santos. Un hermano tras otro pasaba a leerle por horas y horas. Preguntaba: “¿Ya rezamos el rosario? Perdonadme, pero es que del Rosario depende mi salvación.” San Alfonso muerte el 1 de agosto de 1787, (tenía 90 años). Beatificado en 1815 por el Papa Pío VII y Canonizado en 1839 por el Papa Gregorio XVI. El Papa Pío IX lo declara Doctor de la Iglesia en 1875.

Tomado de ACIPRENSA

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