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PARA COMPARTIR CON NUESTRA COMUNIDAD – CH. 557

  • Salomón, en este pasaje, representa el prototipo del hombre prudente: que reconoce su juventud e inexperiencia para gobernar a Israel, que es capaz de entender que gobernar no es poseer, sino administrar lo de otro -Dios-. Consecuentemente, Salomón pide un corazón capaz de escuchar a Dios y a sus hermanos, capaz de discernir el bien del mal, para ser un guía seguro y justo (1 R 3, 5,7-12).
  • El Apóstol Pablo nos invita a adoptar una actitud de madurez cristina frente a las diferentes situaciones que nos toca enfrentar cada día. Asumir todo lo que nos ocurre, viendo la mano de Dios en todo. Pensando en el hecho de que, si nuestro bautismo implica ser del número escogidos, predestinados, justificados y llamados a participar de su gloria, debemos estar atentos, porque si nos predestinó a ser imagen de su Hijo, en todo momento debemos buscar la voluntad del Padre (Rm 8, 28-30).
  • Jesús nos da un mensaje claro con estas parábolas. El Reino de Dios es la realidad última, la más importante de la vida de los hombres. Una realidad que para apropiársela es indispensable venderlo todo, vaciar el corazón de todo apego a las creaturas, no querer poseer otra cosa. También indica con la parábola de la red, que el Reino de los cielos implica un juicio del que nadie se podrá evadir y en el cual cada uno será acogido o rechazado según sus obras (Mt 13, 44-52).
  • En cada eucaristía el Reino de Dios se hace visible y palpable para nosotros. Porque es el mismo Dios que nos convoca y reúne, para brindarnos todo lo que necesitamos para vivir una existencia plena. La eucaristía, con todo, es el anticipo de lo que será el Reino de Dios en todo su esplendor, pues allí se superan todas las distancias que hay entre cada uno con Dios y con los demás, pues al recibir a Cristo sacramentado, todos nos hacemos uno en el amor.
  • CEC 407: no se puede ignorar el pecado original para discernir la situación humana; CEC 1777-1785: escoger según la conciencia, en acuerdo con la voluntad de Dios; CEC 1786-1789: discernir la voluntad de Dios expresada en la Ley en las situaciones difíciles; CEC 1038-1041: la separación del bien y del mal en el juicio final; CEC 1037: Dios no predestina a nadie a ir al infierno.
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