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  • Moisés evoca ante el pueblo la experiencia del desierto, para recordarle que el Dios de la alianza está siempre presente. Que prueba a los que creen en él para ver si su corazón vive unido a él a pesar de cualquier circunstancia. Que su fidelidad se deja ver en su providencia, pero que sus adeptos deben aprender a vivir principalmente de su Palabra (Dt 8,2-3.14b-16a).
  • Es hermosos pensar que, así como el vino es producto de muchas uvas y el pan es producto de muchos granos de trigo. Así, los cristianos, aunque somo muchos, formamos un solo cuerpo. Porque al participar del cuerpo y la sangre del Señor nos hacemos concorpóreos y consanguíneos con él, por tanto, todos nos hacemos un solo cuerpo con él. Por ello el pan y el vino nos hablan de la unidad que Cristo crea con todos aquellos que se alimentan de él (1Co 10,16-17).
  • La promesa que tiene a eucaristía es la promesa más grande y más hermosa, pero también la más inquietante. Jesús nos promete la vida eterna, la resurrección en el último día y la inhabitación en nosotros ya desde este mundo a condición de que nos alimentemos de su cuerpo y su sangre. Por tanto, debe ser nuestra inquietud y urgencia invitar a todos a participar de la eucaristía, para que nadie se quede sin participar de los dones que nos prometió (Jn 6,51-58).
  • Participar con plenitud de la eucaristía es recibir como alimento de salvación el cuerpo entregado y la sangre derramada en la cruz de nuestro Salvador y vivir en el empeño contante de vivir como el nos enseñó.
  • CEC 790, 1003, 1322-1419: la Sagrada Eucaristía; CEC 805, 950, 2181-2182, 2637, 2845: la Eucaristía y la comunión de los fieles; CEC 1212, 1275, 1436, 2837: la Eucaristía como pan espiritual.
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