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PARA COMPARTIR CON NUESTRA COMUNIDAD – CH 558

  • Este pasaje de Daniel nos habla, a través de un lenguaje apocalíptico, de la trascendencia de Dios que está por encima de todos los reinos del mundo. Dios, como aquel a quien tienen que rendir cuentas, tanto los débiles como los poderosos. Nos habla también de la manifestación de un Reino cuyo carácter es eterno, definitivo y que manifestará lo plenamente humano “en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre”. (Dn 7, 9-10.13-14)
  • El Apóstol Pedro se presenta como testigo de una verdad que espera su cumplimiento definitivo, la parusía de Nuestro Señor Jesucristo. Esta espera tiene su fundamento, primero, en la gloria de la que el mismo Pedro fue testigo en la Transfiguración, luego en las palabras del ángel les dijo el día de su Ascensión al cielo, que volvería de la misma manera le habían visto marcharse (2P 1, 16-19).
  • El suceso de la transfiguración, además de ser una teofanía, revela una verdad sumamente importante. Jesús no empieza a ser verdadero Dios desde el momento de la resurrección. Es verdadero Dios desde la concepción. Su carácter divino, oculto bajo la humanidad asumida, se ha manifestado no solo a través de los milagros realizados, sino a través de esa luminosidad que irradia su cuerpo y que descubre en Él ese rasgo divino. Jesús es luz en contraposición con las tinieblas, es decir, es absolutamente santo, sin mezcla de pecado, sin contaminación de iniquidad, sin indicio de injusticia (Mt 17, 1-9).
  • Como en la transfiguración los tres apóstoles gustaron por unos instantes de la contemplación del gozo eterno en vistas a fortalecer su fe para afrontar las pruebas futuras. Así, nosotros en la eucaristía también gozamos de la presencia real de Cristo, de la cual nos alimentamos, en vistas a fortalecernos y perseverar en todas pruebas.
  • CEC 554-556, 568: la Transfiguración; CEC 59, 145-146, 2570-2572: la obediencia de Abrahán; CEC 153-159: las características de la fe; CEC 2059: Dios manifiesta su Gloria para revelarnos su voluntad; CEC 603, 1373, 2634, 2852: Cristo es para todos nosotros
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