JUAN 6, 1-11: “No trabajen por ese alimento que se acaba”
Somos como la muchedumbre que busca a Jesús, pero no lo encontramos debido a que lo buscamos no por quién es Él, sino porque Él calma nuestra hambre. Dios parece esfumarse de nuestro horizonte cuando queremos simplemente satisfacer nuestras necesidades, pero no le buscamos como persona, como nuestro Dios y Salvador. Ahora bien, que Dios desaparezca de nuestro horizonte, cuando lo buscamos según nuestros intereses o necesidades, no significa que Dios nos castigue alejándose de nosotros, sino que al forzar a Dios a que haga lo que nosotros quisiéramos, terminamos lejos de Él y de la obra que Él quiere llevar a cabo en nosotros.
Cuando nos buscamos a nosotros mismos es, como la gente de la primera lectura (Exodo 16 ´2-15), terminamos murmurando contra Dios porque no cumple nuestras expectativas mientras que ignoramos las expectativas que Dios tiene sobre nosotros.
El hecho de que nuestra búsqueda de Dios sea imperfecta en vez de detenernos, nos tiene que mantener en marcha. En la primera lectura Dios no toma distancia del pueblo por haber murmurado contra Moisés y Aarón, al contrario, comprendiendo Dios la necesidad y los miedos que la gente estaba experimentando sale a su encuentro mandándoles lo que necesitaban en ese momento. Sin embargo, tanto con el maná en el desierto, como con la multiplicación de los panes, la Palabra de Dios nos indica que el Señor quiere algo más que simplemente saciar las necesidades básicas que tenemos como humanos, quiere que sigamos caminando, avanzando en nuestra fe, madurando nuestro ser de cristianos de modo que produzcamos frutos, no sea que nos contentemos con lo mínimo y dejemos de experimentar la alegría de vivir en el Señor.
Sigamos buscando a Dios de todas las maneras que sepamos. Si continuamos en marcha buscando a Dios, aunque nuestra búsqueda sea imperfecta, nos sorprenderemos de los lugares y de los modos dónde y cómo Dios aparece. Si seguimos intentando nuestra búsqueda del rostro del Señor seremos sorprendidos como la gente el evangelio que se sorprendió al encontrar a Jesús en la otra orilla, o como la gente del pueblo de Israel que en medio de su murmuración experimentó los cuidados de Dios.
Si buscamos sinceramente a Dios, aunque sea imperfectamente, Dios corresponde con creces y nos muestra su acción providente que está siempre buscándonos. Dejémonos encontrar por Él. Él mismo nos interroga y confronta nuestra búsqueda. También a nosotros, como ocurrió en el evangelio que acabamos de escuchar, nos hace Dios la pregunta ¿por qué me buscan? La respuesta correcta, es la respuesta sincera que revela lo que buscamos en Dios, solo de esta manera se puede entablar un diálogo abierto y fecundo con el Señor. En el diálogo con el Señor seremos invitados a profundizar nuestra relación con Él, sin detenernos en la marcha, ni contentarnos con ver saciada la necesidad del momento. Hay siempre algo más y Dios quiere que usted lo alcance.
Dios desea que nosotros nos desarrollemos y crezcamos como creyentes comprometiéndonos con nuestro desarrollo espiritual de modo que podamos vivir la compleja y fascinante realidad de ser persona creyente; no importa en qué nivel nos encontremos cada quien; es Dios quien hace la obra, pero el Señor necesita nuestro empeño y deseo de crecer.
Cada quien tiene sus tareas por hacer para desarrollarse como cristiano, pero quisiera destacar tres de las tareas que nos deja la Palabra de este domingo:
(1) “No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello” (Jn 6,27), es decir busquemos primero a Dios y todo lo demás vendrá por añadidura (cf. Lc 12,29).
(2) La segunda lectura de hoy nos reta a un nuevo modo de pensar y vivir: “Dejen que el Espíritu renueve su mente y revístanse del nuevo yo, creado a imagen de Dios, en la justicia y en la santidad de la verdad” (Ef 4,24); y
(3) Jesús en el evangelio quiere que cada quien lleve a cabo la obra de Dios y “la obra de Dios consiste en que crean en Aquel a quien Dios ha enviado” (Jn 6,29), confesando y reconociendo a Jesús como la revelación del rostro de Dios (cf. Jn 14,9), “el camino, la verdad, y la vida” (Jn 14,6).
Padre FERNANDO







