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JUAN 10,1-10: LA DINÁMICA DEL SEGUIMIENTO DEL BUEN PASTOR RESUCITADO: EL DISCÍPULO ESCUCHA SU VOZ, LE SIGUE Y VIVE EN PLENITUD.

La parábola sobre la entrada en el redil (Jn 10,1-6). Jesús comienza indicando que va a decir algo de mucha importancia, para ello usa la fórmula solemne: “En verdad, en verdad os digo”. Enseguida enuncia una parábola centrada en la descripción de la actividad del pastor. En ella se distinguen dos partes, cada una caracterizada por una contraposición: Dos formas contrapuestas de acercarse a las ovejas: la identidad del pastor (1)“ El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; (2) pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero”. Notemos el énfasis en el verbo “ser”: “Ése es un ladrón y salteador” “Es pastor de las ovejas”. De esta manera, la primera parte de la parábola señala –mediante contraposición- el criterio por el cual se descubre la identidad del “pastor de las ovejas”: “El que no entra por la puerta” / “El que entra por la puerta”. Entonces, hay dos modos de entrar al rebaño que dependen de lo que se busque: cuidar del rebaño o, por el contrario, hacerle daño. Así queda establecida la diferencia entre el falso y el verdadero pastor de las ovejas. (a) El falso pastor: “El que no entra por la puerta… escala por otro lado…” Quien busca hacer daño no da la cara, entra a escondidas valiéndose de un subterfugio, porque quien tiene segundas o malas intenciones no gusta de ser reconocido, como bien había explicado Jesús: “Todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras” (Jn 3,20). A quien procede de esta manera se le dan los dos calificativos fuertes de “ladrón” y “salteador”, dos títulos que señalan rapacidad, deshonestidad y egoísmo.

El verdadero pastor: “El que entra por la puerta… le abre el portero” El verdadero pastor da la cara al llegar a la puerta y dejarse convalidar por el portero, quien dictamina sí es o no es pastor. Obviamente, cuando lo reconoce, éste no duda en dejar entrar al pastor. También había dicho Jesús: “El que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios” (Jn 3,21). Y no sólo le abre el portero, sino que “las ovejas escuchan su voz”, se entabla una relación estrecha y vivificante entre ellos, como vemos a continuación.

La relación entre el pastor y las ovejas y la contrapuesta actitud ante los extraños (Jn 10,3b-5). Una vez que se ha identificado al verdadero pastor, vemos cómo se entabla la relación de éste con sus ovejas. Podríamos decir también, que en esta segunda parte de la parábola igualmente se describe a la verdadera oveja con la contraposición: “Conocen su voz (del pastor)” / “No conocen la voz de los extraños”. La primera frase lo afirma claramente: “Las ovejas escuchan su voz”, o sea, no dudan en atender la voz de quien los guía y, en consecuencia, “le siguen” con docilidad. ¡Una excelente caracterización del discípulo del Señor!

El discipulado se describe claramente con el “ir delante” del Pastor/Maestro y el “seguir” de la Oveja/discípulo. El contenido del seguimiento de Jesús está presentado a lo largo de todo este evangelio, de punta a punta. Lo que el evangelista nos invita a observar atentamente es lo que dinamiza el seguimiento: “le siguen porque conocen su voz”. Sin el conocimiento de la voz de aquel que es la Palabra de Vida (1,4) no es posible el seguimiento de Jesús… Hay que tener presente que gracias a la familiarización con la voz de Jesús es que es posible detectar las voces seductoras que proponen caminos de muerte: ¡la escucha del Señor es la escuela de los auténticos profetas!

Aplicación: una clara y directa auto-presentación de Jesús. Enseguida, y sin más preámbulos, Jesús se revela como el “Yo soy”. Se afirma así la identidad trascendente de Jesús, ya que el “Yo soy” es una alusión al nombre de Yahvéh en Éxodo 3,14. De ahí su importancia absoluta y determinante para la salvación: – “Yo soy la puerta de las ovejas… Si uno entra por mí estará salvo” (10,7b.9ab). – “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (10,10).

“Yo he venido para…” (Jn 10,10). Lo que Jesús “es” se realiza en la misión para la cual ha “venido”. Las frases contrapuestas “El ladrón no viene más que a…” / “Yo he venido para…” ponen ante nuestros ojos –en forma comparativa- dos maneras de presentarse ante las ovejas. Los verbos “robar”, “matar” y “destruir” aplicados al ladrón, señalan que no hay nada vivificante en ellos. Correlacionemos con el v.8: los que habían venido antes de Jesús y se presentaban ante el pueblo como sus servidores no le ofrecían la vida que necesitaban, sino que se valían de él para mantenerse en su posición de privilegio. Los fariseos y dirigentes del pueblo quedan definitivamente descalificados como pastores. Los tres verbos de negación de vida de la oveja que tiene como sujeto al ladrón, se contraponen a uno solo que tiene como sujeto a Jesús: “Dar Vida”. Ahora se dice de forma explícita: “Yo he venido para tengan vida y la tengan en abundancia” (10,10). Y no sólo un poquito sino en abundancia.

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