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Lucas 24, 35-48: Encuentro con el Resucitado (VI): Los testigos pascuales. “Vosotros sois testigos de estas cosas”

STOM, Matthias_La Cena de Emaus, c.1633-1639_ 375 (1976.66)

Hechos. 3,13-19: “Arrepiéntanse y conviértanse, para que se borren sus pecados”

1ª Jn. 2,,1-5: “Él es víctima de propiciación por nuestros pecados”

Lc. 24, 35-48 : “En su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados”

San Juan nos da la clave del mensaje de este domingo a través de la liturgia de la palabra: el pecado de cada uno de nosotros que es borrado: “Hijitos… les escribo para que no pequen”. Alguno se preguntaría: “como así, que en tiempo de Pascua, tiempo de alegría y de gozo, nos hablan de pecado, de conversión, etc. ¿No debería ser un tema de la cuaresma?” Pues ciertamente no. Juan, ya ancianito, hablando con sus discípulos les dice unos consejos, como lo haría un abuelito a sus nietecitos: “no pequen, pero si alguno peca, tiene a Jesús que es Justo y aboga por nosotros”.

Jesucristo ha sido glorificado, no sólo por su resurrección del país de los muertos, sino sobre todo porque está sentado a la diestra del Padre y vive para siempre para interceder por nosotros. Así es como nosotros entendemos que Jesús se hizo “Víctima” por mis pecados y por los del mundo entero. En abstracto es muy bonito, pero hace falta hacer la experiencia viva y personal, trascendente y religiosa de esta verdad: Que el amor de Dios ha llegado a su plenitud en mi vida, en el momento en el que siento su perdón, en el que veo que mis pecados se borran por su gracia en el sacramento de la reconciliación.

Cuando me confieso, hago la vivencia del amor de Dios Padre que a través de su Hijo me limpia, me perdona y aboga por mí, gracias a su Preciosa Sangre derramada.

San Pedro lo recalca en los Hechos de los Apóstoles: “mataron al autor de la vida, Dios lo resucitó” para qué? Para que me arrepienta, me convierta y Dios me borre mis pecados.  Esa gracia es la principal que brota de la Resurrección de Jesucristo.

Jesús en el evangelio nos “abre el entendimiento” para que comprendamos todo el misterio de la pasión-muerte-resurrección que llevó a cabo por nosotros: “..que Jesús, el Mesías padecería, moriría y resucitaría para el perdón de los pecados”. Sí. ¡El gran regalo de Jesús es nada más y nada menos que nuestra redención! ¡estamos libres de nuestros pecados!

No tengamos miedo o reparo en que se realice en nosotros ese “misterio de amor” y Cristo haga su obra redentora en nuestras conciencias. Acerquémonos al sacramento del perdón, de la confesión para sentir su acción misericordiosa. ¡Cuánto necesitamos de ese perdón! A veces vamos cargando con culpas muy grandes y graves y no somos capaces de soltar ese peso. Y nos seguimos martirizando y auto lesionando, espiritualmente hablando, y nos echamos en cara a cada momento nuestras culpas. Nosotros no nos podemos “borrar los pecados” ni “quitarnos la culpa”. Es Dios, es Cristo Dios y Hombre el que nos quita ese peso, esa culpa del pecado y nos hace hombres nuevos, libres y liberados de toda atadura del mal. Corramos en este tiempo de pascua al sacramento que nos renueva, el de la confesión, para que también podamos recibir con más alegría y felicidad el Cuerpo y la Sangre de Cristo en el sacramento del altar: la eucaristía. Sólo así, las gracias que brotaron del Corazón abierto del Salvador, se derramarán en nuestras almas.

Padre Fernando Manuel Limón

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