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PARA COMPARTIR CON NUESTRA COMUNIDAD

  • El Espíritu Santo se derramó también sobre los gentiles, significando Dios con esto, que en él no hay acepción de personas. Que su salvación y sus dones son para todos aquellos que se abren a la fe. Es importante anotar que en la religión católica no hay categorías. Todos los bautizados recibimos el mismo Espíritu, la misma llamada a la santidad y compartimos todos el compromiso de extender el Reino de Dios hasta los confines del mundo (Hch 10, 25-26.34-35.44-48).
  • Es Dios quien nos amó primero, es decir, quien nos ha revelado el sentido último y luminosos del amor. Dios ha introducido el amor en el mundo, porque el amor es una persona, su Hijo Jesucristo. Jesús es la revelación del amor como vida de comunión en la Verdad y como entrega total en favor de los hombres (1 Jn 4,7-10).
  • Permanecer en Jesús es guardar sus mandamientos, los cuales se resumen en “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. De ahí que San Agustín tomando estas palabras diga “Señor dame lo que me pides y pídeme lo que quieras”. Porque el que ama como Cristo lo puede todo (Jn 15,9-17).
  • La Eucaristía es el banquete del amor. Donde Cristo nos sigue reuniendo en una sola familia para conducirnos a la Verdad y se sigue entregando a nosotros como pan de vida. Por ello la eucaristía es la mejor escuela para aprender y crecer en el amor.
  • CEC 2746-2751: la oración de Cristo en la Última Cena; CEC 214, 218-221, 231, 257, 733, 2331, 2577: Dios es amor; CEC 1789, 1822-1829, 2067, 2069: el amor a Dios y al prójimo observa los Mandamientos; CEC 2347, 2709: la amistad con Cristo.
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