Mateo nos narra la profesión de fe de Pedro con más detalles que los otros sinópticos, en lo que se refiere a la Persona de Jesús y al discípulo que acoge su misterio. El lugar concreto donde Jesús es reconocido por los suyos es precisamente Cesarea de Filipo, el lugar quizás más alejado de Jerusalén y reconocido abiertamente como región pagana. Hasta este momento en el Evangelio, han sido los otros quienes continuamente se han puesto interrogantes sobre la Persona de Jesús: “¿Quién es éste a quien el viento y la mar obedecen?” (Mateo 8,27), “¿Quién es este que hasta perdona pecados?” (Marcos 2,7; ver Mateo 9,3). Pero ahora es Jesús mismo quien interroga sobre sí a los discípulos, para hacer brotar la respuesta de la fe. La fe comienza justamente cuando dejamos de cuestionar al Señor y permitimos que sea él quien nos cuestione, nuestra respuesta será entonces la expresión viva de nuestra fe.







