Obispos representantes de la Conferencia Episcopal Canadiense, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos y el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño se reunieron del 15 al 17 de febrero de 2026 en Tampa, Estados Unidos, para compartir un espacio de oración, diálogo y discernimiento pastoral sobre su misión común al servicio del Pueblo de Dios en el continente americano.
“Cómo guiar mejor al Pueblo de Dios”
Al término del encuentro, los obispos dirigieron un “Mensaje al Pueblo de Dios que peregrina en las Américas”, en el que resaltaron que, reunidos en espíritu de comunión, son conscientes de que “no representamos Iglesias aisladas ni realidades fragmentadas, sino una sola Iglesia que peregrina en todo el continente americano”. En esa línea, manifestaron su deseo de hacer llegar “un mensaje de cercanía, esperanza y responsabilidad compartida”.
Los prelados señalaron que vivieron “días de alegría fraterna, unidos en la oración, el diálogo sincero y el discernimiento pastoral”, y dieron gracias a Dios por la oportunidad de “renovar nuestro compromiso de caminar juntos como Iglesia en las Américas, fortaleciendo los lazos que nos unen más allá de nuestras fronteras y diferencias culturales”.
En su reflexión común, explicaron que su oración y conversaciones se centraron en “cómo guiar mejor al Pueblo de Dios con sabiduría y valentía en un tiempo marcado por profundos cambios y desafíos”. Aunque reconocieron la diversidad de contextos nacionales, constataron que “nuestros pueblos viven angustias semejantes” y que sus ministerios episcopales enfrentan retos comunes que requieren “respuestas coordinadas, solidarias y profundamente evangélicas”.
“Jesucristo, Crucificado y Resucitado, esperanza viva para todos los pueblos”
Los obispos indicaron que, conscientes del momento histórico y de la complejidad de los desafíos sociales, han “renovado nuestro compromiso de caminar juntos como una Iglesia que abraza el norte y el sur del continente, dando testimonio claro y coherente de Jesucristo, Crucificado y Resucitado, esperanza viva para todos los pueblos”.
Entre los temas abordados señalaron la preocupación por “los pobres y vulnerables”, la defensa de “la dignidad y los derechos de los pueblos indígenas”, el combate al “doloroso flagelo de la trata de personas”, la inquietud ante “la creciente polarización que hiere el discurso público y debilita la convivencia social” y, de manera particular, “la extrema vulnerabilidad de los migrantes que viven, transitan y buscan un futuro en nuestros países”.
La movilidad humana no puede reducirse a una cuestión meramente política o económica; es una realidad profundamente humana que interpela nuestra conciencia cristiana y la responsabilidad ética de las naciones
Migración y dignidad humana
De manera particular, el mensaje enfatiza la preocupación de la Iglesia por las personas en movilidad humana. Los obispos manifestaron que “ningún migrante es extraño para la Iglesia” y que en cada persona que abandona su tierra “reconocemos a un hermano, a una hermana; reconocemos el rostro mismo de Cristo que camina”. Añadieron que “la movilidad humana no puede reducirse a una cuestión meramente política o económica; es una realidad profundamente humana que interpela nuestra conciencia cristiana y la responsabilidad ética de las naciones”.
La movilidad humana no puede reducirse a una cuestión meramente política o económica; es una realidad profundamente humana que interpela nuestra conciencia cristiana y la responsabilidad ética de las naciones







