CARDENAL JAIME SPENGLER ANIMA A LOS NUEVOS OBISPOS A VIVIR SU MINISTERIO DESDE EL SERVICIO, LA COMUNIÓN Y EL TESTIMONIO DEL EVANGELIO

Durante el Encuentro de Obispos de Reciente Nombramiento en Brasilia, el cardenal Jaime Spengler reflexionó sobre la identidad y misión del episcopado, subrayando los desafíos de la evangelización en una sociedad marcada por el pluralismo, la fragmentación cultural y la pérdida de referencias éticas y religiosas.

El arzobispo de Porto Alegre y presidente de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB), cardenal Jaime Spengler, ofreció una reflexión sobre la identidad y la misión del obispo durante el Encuentro de Obispos de Reciente Nombramiento, organizado por la Comisión Episcopal para los Ministerios Ordenados y la Vida Consagrada en la sede de la CNBB, en Brasilia.

El episcopado como servicio al Pueblo de Dios

Al abordar el papel del obispo en la vida de la Iglesia, recordó que el ministerio episcopal encuentra su fundamento en la comunión con el Pueblo de Dios y en la misión recibida de Cristo. Inspirado en la Constitución Dogmática Lumen Gentium, señaló que los obispos gobiernan las Iglesias particulares como vicarios y legados de Cristo, ejerciendo la autoridad como un servicio al Evangelio.

“El ejemplo que tenemos ante nuestros ojos es el del Buen Pastor, que no vino para ser servido, sino para servir”, dijo. En ese sentido, señaló que la autoridad confiada a los obispos debe ejercerse con responsabilidad pastoral y nunca desde el autoritarismo, teniendo siempre como finalidad conducir al pueblo de Dios “en la verdad y en la santidad”.

Recordó que el ministerio episcopal implica una responsabilidad ante Dios. “Debemos rendir cuentas de la vida de nuestro pueblo. Es una misión hermosa, extraordinaria, pero también de enorme responsabilidad”, expresó.

Caminar junto al pueblo y compartir la misión

Al reflexionar sobre la comunión eclesial, el purpurado invitó a comprenderla más allá de una simple convivencia, definiéndola como la disposición de “llevar juntos” las responsabilidades de la misión, tanto entre los obispos como en el presbiterio y con todo el Pueblo de Dios.

El presidente de la CNBB señaló que el modelo permanente para el ejercicio del episcopado sigue siendo el colegio apostólico: hombres insertos en su tiempo, con virtudes y fragilidades, llamados por Cristo para anunciar el Evangelio.

“No somos ángeles. No somos príncipes, no somos ejecutivos ni simples gestores. Es verdad que necesitamos administrar muchas realidades, pero somos mucho más que eso”, sostuvo.

Los desafíos de evangelizar en el mundo actual

Una parte importante de su intervención estuvo dedicada al contexto cultural en el que los nuevos obispos desarrollarán su ministerio. Según explicó, la Iglesia vive hoy en una sociedad marcada por el pluralismo, la fragmentación cultural, los radicalismos y el debilitamiento progresivo de las referencias religiosas. “Somos hoy una comunidad de fe entre tantos otros grupos”, señaló, resaltando que esta realidad exige una renovada capacidad misionera por parte de la Iglesia.

El cardenal Spengler advirtió también sobre los riesgos de una sociedad que aparta a Dios de la esfera pública y pierde sus referentes éticos fundamentales. A su juicio, cuando desaparecen los criterios que permiten distinguir entre el bien y el mal, aumentan las situaciones de confusión, individualismo y fragilidad en las relaciones humanas.

Además, llamó la atención sobre fenómenos contemporáneos como el crecimiento del egocentrismo, la autorreferencialidad y el cansancio social, factores que representan importantes desafíos para la acción evangelizadora.

Anunciar la esperanza

Otro de los temas abordados fue la necesidad de recuperar referencias sólidas para la vida humana y eclesial. Citando aportes de la psicología y la filosofía, el presidente de la CNBB observó que la crisis de la figura paterna tiene repercusiones tanto en la organización de la sociedad como en la experiencia de la fe.

Según explicó, la ausencia de referentes favorece el surgimiento de conductas extremistas, fanatismos y diversas formas de nihilismo, haciendo aún más urgente el testimonio de los pastores. Ante este panorama, insistió en que la misión del obispo consiste en permanecer cercano al pueblo, fortalecer la comunión y anunciar a Cristo como fundamento de la esperanza.

“El mundo sin Dios es un mundo sin sentido”, indicó, remarcando que corresponde a los obispos dar testimonio del Evangelio precisamente en un contexto cultural caracterizado por profundas transformaciones y desafíos para la Iglesia y la sociedad.

Al concluir su reflexión, el cardenal Jaime Spengler animó a los nuevos obispos a ejercer su ministerio inspirados en la figura del Buen Pastor, conscientes de la responsabilidad recibida y llamados a conducir al Pueblo de Dios con fidelidad al Evangelio, espíritu de servicio y auténtica comunión eclesial.

Tomado de ADN CELAM

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