INVITADOS AL BANQUETE:
Un gran ofrecimiento, la respuesta y el hacerse dignos de él
Mateo 22,1-14
“Porque muchos son llamados, pero pocos escogidos”
Esta es la tercera parábola sucesiva que Jesús pronuncia estando en el Templo de Jerusalén frente a los líderes del pueblo judío, los sacerdotes y los ancianos. Estas tres parábolas sucesivas, la “de los dos hijos” (21,28-32), la “de los viñadores homicidas” (21,33-46) y la “del banquete del rey” (22,1-14), tienen un mensaje parecido. Jesús quiere abrirles los ojos sobre su relación con Dios: hay que “escucharlo” y aceptar su llamado por medio del Hijo.
El llamado: la magnanimidad de Dios. En las tres parábolas –dos hijos, viñadores homicidas, banquete del rey- tienen en común una interpelación. Ésta siempre se hace sobre la libre voluntad del que es llamado. El mensaje es que Dios no nos fuerza ni nos obliga, más bien interpela nuestra libre decisión y espera nuestra respuesta. Es así como: Los hijos son enviados a trabajar en la viña del padre; a los viñadores se les recuerda que deben entregar los frutos que le corresponden al patrón; Los invitados son llamados a participar en el banquete. Es significativo el hecho que la llamada no sea comunicada directamente por Dios, sino transmitida a través de sus servidores . No hay que esperar una llamada directa de Dios, hay que reconocer a los servidores de Dios y ponerles cuidado.
La libertad humana: una inmensa responsabilidad. Hay que notar que ninguno es obligado a un comportamiento determinado. Todos pueden responder con un “sí” o con un “no”, esto es, pueden acoger o rechazar la voluntad de Dios. Para Jesús es importante que de esa situación no se saquen las consecuencias que no son. Siempre se corre el riesgo de que se llega a pensar que el llamado de Dios es un ofrecimiento sin importancia, que no vincula nuestra adhesión, que da lo mismo acogerla o rechazarla, que tenemos una libertad ilimitada, capaz no sólo de escoger sino también de determinar las consecuencias de la opción. No hay que pensar que la paciencia de Dios es debilidad o indiferencia. Es por eso que, en las parábolas, Jesús orienta la mirada hacia el futuro: lo que sucederá si… Ahora Dios es el que llama e invita, los hombres son los que actúan, quienes responden con su libre decisión a su Palabra y a sus mensajeros. Pero no será siempre así, al final será Dios quien actuará y determinará de manera definitiva.
En las parábolas podemos ver que: Quien rechaza el trabajo de la viña permanece excluido del Reino (ver 21,31); El que no entrega los frutos de la viña y maltrata a los siervos del patrón, pierde la viña y tiene un espantoso destino (ver 21,41); Quien no acoge la invitación al banquete, queda excluido de él (ver 22,8). Jesús quiere mostrar claramente las consecuencias futuras y definitivas de nuestro actuar y quiere que le pongamos atención objetivamente a nuestro comportamiento actual. Si el rechazo de la llamada de Dios por ahora no tiene consecuencias, esto no debe llevarnos a equívocos. El futuro se gana, la vida se realiza plenamente, solamente cuando le decimos “sí” al querer y a la invitación de Dios. Hay que ser consciente de esto y, por amor a nuestra salvación, hay que hacer de la vida una continua respuesta al amoroso, generoso y gratuito llamado de Dios, orientando el proyecto de vida por la dirección de su querer. Así, en las parábolas se coloca en primer plano la llamada a la acción, al comportamiento agradable a Dios.
El vestido nupcial: el llamado es gracia pero hay que hacerse digno de él. Al final de la parábola se afirma la necesidad de un vestido nupcial. En lenguaje simbólico el vestido indica el estado completo de una persona, cómo la persona aparece ante Dios (ver Ap 3,4.5.18). Puesto que para la participación en el banquete de bodas del rey se requiere un vestido adecuado para la ocasión, se concluye que uno no está listo para la comunión eterna con Dios estando uno en cualquier situación de vida. Pero atención: el vestido no representa algo externo sino la vida nueva del discípulo. Ésta se adquiere por la escucha de la enseñanza de Jesús y del hacer la voluntad del Padre (ver 7,21-22).
La expresión “muchos son llamados, mas pocos escogidos” (22,14), no pretende darnos datos estadísticos sobre el número de los que entran en el cielo. Tampoco nos debe desilusionar ni llevar a la resignación cuando vemos que hay poca gente en una comunidad. Esta frase es una advertencia para que nos despertemos, nos desacomodemos, para que apuntemos hacia la meta empleando todas nuestras mejores energías para corresponder a la llamada de Dios.







