Hay una pregunta que no podemos esquivar: ¿por qué hoy tantas personas tienen dificultades para confiar en quienes ejercemos el ministerio sacerdotal? No basta con atribuirlo a la secularización, a la pérdida de valores o a la distancia que existe entre la sociedad y la Iglesia. Sería demasiado cómodo buscar las causas únicamente fuera de nosotros. También debemos preguntarnos qué hemos hecho, qué hemos dejado de hacer y qué actitudes nuestras han contribuido a debilitar la confianza de aquellos a quienes estamos llamados a servir.
Hoy en día hay una marcada desconfianza a las instituciones, la polarización política, las guerras, la desigualdad, los abusos de poder y una creciente exigencia de transparencia. Las personas cuestionan las autoridades que no escuchan, rechazan los discursos que no corresponden a las actuaciones y desconfían de quienes pretenden tener siempre la razón. La Iglesia no está al margen de esta realidad. Los escándalos y algunas formas de ejercer el ministerio desde la imposición, el privilegio o la distancia han herido profundamente su credibilidad. El papa Francisco, en su Carta al Pueblo de Dios (2018), nos advirtió sobre el clericalismo como una manera de comprender la autoridad que termina favoreciendo relaciones de dominio y silenciamiento.
Pero esta crisis también nos ofrece una oportunidad para revisar nuestra manera de ser sacerdotes. Quizás hemos confundido autoridad con obediencia incondicional, respeto con temor y liderazgo con protagonismo. En ocasiones queremos que nos escuchen, pero no estamos dispuestos a escuchar; reclamamos cercanía, pero levantamos barreras; pedimos transparencia, pero nos cuesta reconocer nuestros errores. ¿Cuántas veces hemos utilizado nuestra condición sacerdotal para cerrar una conversación, imponer una decisión o evitar que alguien cuestione nuestras actuaciones?
La autoridad que recibimos no nos pertenece. No es un reconocimiento a nuestros méritos ni un privilegio que nos coloca por encima de los demás. Es un servicio confiado por Cristo para acompañar, orientar, corregir con caridad y ayudar a crecer. Jesús no ejerció su autoridad buscando privilegios, sino poniéndose a los pies de sus discípulos (Jn 13, 1-15). Allí es donde encontramos la esencia del ministerio, no cuánto conseguimos que los demás hagan por nosotros, sino cuánto estamos dispuestos a hacer por ellos.
La circunstancias actuales también nos plantean una posibilidad que no deberíamos desaprovechar: hay personas que, aunque se han alejado de las estructuras eclesiales, siguen buscando a Dios, necesitan ser escuchadas y esperan encontrar comunidades donde puedan sanar sus heridas. No esperan sacerdotes perfectos, sino hombres auténticos, capaces de reconocer sus límites, pedir perdón y caminar con los demás. La Fratelli tutti nos recuerda que el diálogo exige acercarnos, escucharnos y estar dispuestos a comprender al otro (Francisco, 2020, n. 198). ¿Estamos ofreciendo espacios donde los fieles puedan hablar con libertad, expresar sus desacuerdos y participar en las decisiones que afectan a sus comunidades?
Recuperar la confianza no dependerá de defender nuestra imagen ni de reclamar el respeto que creemos merecer. Comenzará cuando nuestras comunidades encuentren en nosotros hombres coherentes, cercanos y responsables; cuando no haya lugar para abusos de autoridad, cuando sepamos rendir cuentas y cuando reconozcamos que también necesitamos conversión. No podemos pedirle al pueblo de Dios que confíe en una autoridad que nosotros mismos desfiguramos con nuestras actitudes.
Hermanos, quizás ha llegado el momento de preguntarnos cuánto respeto recibimos y cuánto respeto ofrecemos; cuánto obedecen nuestras comunidades y cuánto las ayudamos a crecer. La autoridad sacerdotal no se pierde cuando nos hacemos cercanos; se desfigura cuando dejamos de servir. Que quienes se encuentren con nosotros no recuerden el poder que ejercimos, sino el bien que les ayudamos a descubrir. Esa será una manera concreta de devolverle credibilidad a nuestro ministerio y de hacer visible el rostro de Cristo, el Buen Pastor.







