El Papa León XIV con motivo de los sesenta años de los Decretos conciliares Optatam totius y Presbyterorum ordinis, nos regaló el año pasado una hermosa carta apostólica, LA FIDELIDAD QUE GENERA FUTURO, la cual debe servirnos de motivación para renovar nuestra fidelidad al llamado recibido del Señor y que les invito a que sigamos sacándole provecho.
El Papa nos invita en primera instancia a hacer hoy de estos Decretos conciliares una memoria viva, respondiendo a la llamada a acoger el mandato que ellos han confiado a toda la Iglesia: revitalizar siempre y cada día el ministerio presbiteral, extrayendo fuerza de su raíz, que es el vínculo entre Cristo y la Iglesia, para ser junto a todos los fieles y a su servicio, discípulos misioneros según su corazón (cfr. N.3). Nos dice el Papa que la Iglesia ha sido conducida por el Espíritu Santo en este tiempo a desarrollar la doctrina del Concilio sobre su naturaleza comunional según la forma sinodal y misionera. Por ello nos invita a considerar juntos, como pueblo de Dios, la identidad y función del ministerio ordenado a la luz de lo que el Señor pide hoy a la Iglesia. Esto lo propone el Papa León a través de la perspectiva de la fidelidad, que es a la vez gracia de Dios y signo constante de conversión, para corresponder con alegría a la llamada del Señor Jesús (cfr. N.4).
Nos invita el Santo Padre, entonces, a considerar la fidelidad desde cinco perspectivas: Fidelidad y servicio, Fidelidad y fraternidad, Fidelidad y sinodalidad, Fidelidad y misión, Fidelidad y futuro. Observemos algunos apartes de cada una de estas visiones del ministerio sacerdotal. En primer lugar el Santo Padre habla de Fidelidad y servicio. Entre otras cosas, afirma que “Toda vocación es un don del Padre que pide ser custodiado con fidelidad en una dinámica de conversión permanente. La obediencia a la propia llamada se construye cada día mediante la escucha de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos, la evangelización, la cercanía de los últimos y la fraternidad presbiteral, bebiendo de la oración como lugar eminente de encuentro con el Señor” (cfr. N.7). “Todos los presbíteros están llamados a cuidar siempre de la propia formación para mantener vivo el don de Dios recibido en el sacramento del orden. La fidelidad a la llamada, pues no es inmovilidad ni cierre, sino un camino de conversión cotidiana que confirma y hace madurar la vocación recibida”(cfr. N.8). Haciendo referencia a Benedicto XVI, no habla el Papa del servicio “…precisamente porque pertenece a Cristo, el sacerdote está radicalmente al servicio de los hombres: es ministro de su salvación, de su felicidad, de su auténtica liberación, madurando, en esta aceptación progresiva de la voluntad de Cristo, en la oración, en el estar unido de corazón a Él”. (cfr. N.13). En segundo lugar, nos habla Su Santidad de Fidelidad y fraternidad. Sitúa, según dice el Concilio “el servicio específico de los presbíteros dentro de la igual dignidad y fraternidad de todos los bautizados…los sacerdotes son juntamente con todos los fieles cristianos discípulos del Señor, hechos partícipes de su Reino por la gracia de Dios que llama… Dentro de esta fraternidad fundamental…el Concilio destaca el vínculo fraternal particular entre los ministros ordenados, fundado en el mismo sacramento del orden…cada uno está unido con los demás miembros de este presbiterio por vínculos especiales de caridad apostólica, de ministerio y de fraternidad”. Pero, “la fraternidad presbiteral, por lo tanto, antes que ser una tarea que hay que realizar, es un don inherente a la gracia de la Ordenación. Sin embargo, precisamente por eso, los presbíteros están llamados a corresponder a la gracia de la fraternidad, manifestando y ratificando con su vida lo que se estipula entre ellos no sólo por la gracia bautismal, sino también por el sacramento del Orden” (cfr. N.14). “la fraternidad presbiteral debe considerarse, por lo tanto, como un elemento constitutivo de la identidad de los ministros, no sólo como un ideal o un eslogan, sino como un aspecto en el que comprometerse con renovado vigor” (cfr. N.16). En tercer lugar, nos propone la fidelidad y sinodalidad. El Papa invita a los pastores del pueblo de Dios a que “en lugar de destacar o concentrar todas las tareas en sí mismos, descubran con el sentido de la fe los multiformes carismas de los seglares, tanto los humildes como los más elevados” (cfr, N20). Invita a los sacerdotes a participar en los procesos sinodales que se están viviendo. También a que en las Iglesias particulares, se emprendan iniciativas adecuadas para que los presbíteros podamos familiarizarnos con las directrices del documento final de la segunda sesión de la XVI Asamblea sinodal y experimentemos la fecundidad de un estilo sinodal de Iglesia (cfr. N.21). Se requiere, en todo esto, un compromiso formativo a todos los niveles, en particular en el ámbito de la formación inicial y permanente de los sacerdotes. En una Iglesia cada vez más sinodal y misionera, el ministerio sacerdotal no pierde nada de su importancia y actualidad, sino que, por el contrario, podrá centrarse más en sus tareas propias y específicas (cfr. N.22). En cuarto lugar, se nos habla de la fidelidad y misión. “la vocación sacerdotal se desarrolla entre las alegrías y las fatigas de un servicio humilde a los hermanos, que el mundo a menudo desconoce, pero del que tiene una profunda sed: encontrar testigos creyentes y creíbles del Amor de Dios, fiel y misericordioso, constituye una vía primordial de evangelización” (cfr.N.23). Advierte el Papa que en nuestro mundo contemporáneo hay al menos dos tentaciones que se insinúan contra la fidelidad a esta misión: una mentalidad eficientista… y una especie de quietismo…para vencer y vivir un ministerio gozoso y fecundo, cada sacerdote debe permanecer fiel a la misión que ha recibido, es decir, al don de la gracia transmitido por el Obispo durante la ordenación Sacerdotal”(cfr. N.24). “La armonía entre la contemplación y la acción no debe buscarse mediante la adopción apresurada de esquemas operativos o mediante un simple equilibrio de actividades, sino asumiendo como central en el ministerio la dimensión pascual. Darse sin reservas, en cualquier caso, no puede ni debe implicar la renuncia a la oración, al estudio, a la fraternidad sacerdotal, sino que, por el contrario, se convierte en el horizonte en el que todo se comprende en la medida que se orienta al Señor Jesús, muerto y resucitado para la salvación del mundo”. Por último, en quinto lugar, la fidelidad al futuro. En este aparte nos habla el Papa en clave vocacional, invitándonos a despertar la voluntad de comprometernos profundamente en la promoción vocacional y en la oración constante al dueño de la Mies. La escasez de vocaciones -especialmente en algunas regiones del mundo- exige que todos revisemos la capacidad generativa de las prácticas pastorales de la Iglesia…al mismo tiempo, debemos tener el valor de hacer a los jóvenes propuestas fuertes y liberadoras y de que en las Iglesias particulares crezcan los ambientes y las formas de pastoral juvenil impregnadas de Evangelio, donde puedan manifestarse y madurar las vocaciones a la entrega total de sí… Es necesario tener siempre presente la perspectiva vocacional en todos los ámbitos pastorales, en particular en los juveniles y familiares. Remarca el Santo Padre: ¡no hay futuro sin el cuidado de todas las vocaciones! (cfr. N.28). les invito a que sigamos sacando provecho a esta Carta Apostólica y siguiendo los lineamientos que nos propone, para que nuestro ministerio siga el curso de una adecuada renovación.
P. José Humberto







