Nació el 26 de diciembre de 1751 en Tasswitz, Moravia, actualmente Tasovice, República Checa. Fue el noveno de doce hijos. Desde pequeño sintió el deseo de ser sacerdote, pero la situación económica de su familia le impidió inicialmente acceder a los estudios necesarios. Por ello trabajó como panadero, oficio que desempeñó durante varios años. Su vida desde el comienzo estuvo marcada por las dificultades, pero también por una profunda confianza en la providencia de Dios.
Después de diversas experiencias de estudio, trabajo, peregrinación y vida eremítica, en 1784 llegó a Roma, donde conoció la Congregación del Santísimo Redentor, fundada por san Alfonso María de Ligorio. Allí descubrió el camino religioso al que dedicaría el resto de su vida. Profesó como redentorista y fue ordenado sacerdote en 1785.
Su gran misión comenzó en Varsovia, donde llegó en 1787 junto con otros redentoristas. Allí encontró una Iglesia afectada por dificultades políticas y religiosas. Clemente no se limitó a celebrar los sacramentos: predicó, confesó, atendió a los pobres, educó a niños y jóvenes, creó obras para huérfanos y promovió la formación cristiana. En la iglesia de San Benón impulsó una intensa actividad evangelizadora conocida como “misión perpetua”, convirtiendo aquel lugar en un importante centro de renovación espiritual.
Clemente comprendió que la evangelización debía llegar también al mundo de la cultura. En Viena, especialmente durante sus últimos años, acompañó espiritualmente a sacerdotes, jóvenes, artistas e intelectuales. Entre las personas relacionadas con su círculo estuvieron importantes representantes del Romanticismo. Su capacidad para dialogar con la cultura hizo de él un puente entre la fe y el mundo intelectual de su tiempo.
En 1808 fue expulsado de Varsovia junto con sus compañeros. Regresó a Viena, donde continuó su ministerio como confesor, predicador y acompañante espiritual. A pesar de las dificultades políticas y de la oposición que encontró para establecer oficialmente a los Redentoristas en Austria, perseveró hasta los últimos años de su vida.
Murió en Viena el 15 de marzo de 1820, a los 68 años. Fue beatificado por León XIII en 1888 y canonizado por San Pío X el 20 de mayo de 1909. Su memoria litúrgica se celebra cada 15 de marzo. La Iglesia lo reconoce como “Apóstol de Viena” y los Redentoristas lo consideran una figura fundamental para la expansión de la Congregación fuera de Italia. (Dicasterio para las Causas de los Santos; Santa Sede)
La vida de San Clemente María Hofbauer deja un mensaje especialmente actual: la misión no depende de tener condiciones perfectas, sino de permanecer disponibles para Dios. Cuando una puerta se cerraba, él buscaba otro camino; cuando una obra desaparecía, comenzaba nuevamente. Supo unir oración y acción, atención a los pobres y diálogo con la cultura, fidelidad a la Iglesia y creatividad pastoral.
Su testimonio invita hoy a sacerdotes, religiosos y laicos a no tener miedo ante los cambios de la sociedad. Como él mismo enseñaba con su vida, el Evangelio necesita ser anunciado siempre de manera renovada, sin perder su esencia. Su santidad no consistió en vivir sin dificultades, sino en mantener la confianza en Dios y continuar sirviendo incluso cuando no podía ver inmediatamente los frutos de su trabajo.







