• Al momento de llevar los hebreos la ofrenda material al Señor, esta iba acompañada de una profesión de fe en el Dios liberador, en el Dios de la alianza, y, como reconocimiento de su providencia que siempre les acompañaba. Se convertía en un momento litúrgico de actualización de la fe (Dt 26,4-10).
  • San Pablo señala la importancia de la fe y la confesión de la misma para alcanzar la salvación. Porque la Palabra en el corazón es fuente de transformación y santificación personal permanente; luego, la Palabra también debe estar en los labios, es decir debe ser anunciada, testimoniada, para que esta salvación llegue a todos los hombres (Rm 10,8-13).
  • El Maligno busca de todas las maneras llevarnos a la rebelión contra Dios, Nuestro Padre. Lo hace llevándonos a encerrarnos en nosotros mismos y en nuestro intereses egoístas de poder, tener y placer. Por ello, es importante, como nos lo enseña Jesús, vivir bajo la luz y el amparo de la Palabra de Dios, que nos mantiene abiertos a Dios y a los hermanos.(Lc 4,1-13).
  • En cada eucaristía, todos unidos oramos la oración del Padre Nuestro, cuya última petición es “y líbranos del mal”. Con esta petición reconocemos que Dios Poderoso es liberador y salvador; además que sin esa acción suya estaríamos a merced del enemigo y sin ninguna esperanza.
  • CEC 394, 538-540, 2119: la tentación de Jesús; CEC 2846-2949: “No nos dejes caer en la tentación”; CEC 1505: Cristo nos libra del mal; CEC 142-143, 309: la fe es sumisión a Dios, aceptación de Dios, respuesta al mal; CEC 59-63: Dios forma su pueblo sacerdotal por medio de Abrahán y del Éxodo.
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