- Cuando se presenta el conflicto entre obedecer a Dios o a los hombres, en el ámbito de la evangelización, es claro que hay que obedecer a Dios. La orden de Jesús fue terminante “Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos: bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado” (Mt 28,19). Este mandato no se puede posponer; en él, está la misma naturaleza de la Iglesia. Ella, existe para evangelizar (Hch 5,27-32.40b-41).
- Este himno litúrgico se refiere a Cristo “el Cordero degollado” en cuanto Él es el cumplimiento del Cordero pascual, cuya sangre purificaba al pueblo y volvía a hacerlo agradable y acepto a Dios. Jesús, muerto y resucitado, es el cumplimiento universal de ese cordero, cuya sangre purifica a todos los hombres de la historia. Por ello, los ángeles y los bienaventurados nos enseñan a rendirle honor por tan gran beneficio (Ap 5,11-14).
- La Iglesia, obediente a Cristo resucitado, sigue pescando en los mares de este mundo, con la confianza de que su tarea siempre tendrá éxito, pues ya Isaías lo decía “mi Siervo tendrá éxito…” (Is 52,13). Estas palabras de Isaías las aplicamos a todo el cuerpo de Cristo, que mientras se mantenga en la obediencia como su cabeza, verá descendencia (Is 53,10). Jesús manda que le traigan los peces; llevar los hombres a Cristo debe ser nuestro único interés, nuestro único propósito, nuestra mayor alegría (Jn 21, 1-19).
- En cada eucaristía, seguimos ofreciendo al Cordero que quita el pecado del mundo. Jesús a instituido la eucaristía para que recordemos tan soberano beneficio y sigamos recibiendo sus beneficios.
- CEC 642-644, 857, 995-996: los Apóstoles y los discípulos dan testimonio de la Resurrección; CEC 553, 641, 881, 1429: Cristo resucitado y Pedro; CEC 1090, 1137-1139, 1326: la Liturgia celestial.







