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  • En esta primera lectura, podemos ver en David el ejemplo de un creyente que comprende que no es quien para juzgar a su prójimo, aunque este se declare su enemigo. Que nos corresponde siempre esperar el juicio de Dios, confiando en su justicia, poder y protección (1S 26, 2.7-9.12-13.22-23)
  • San Pablo nos señala los dos prototipos de hombre a fin de que entendamos lo que somos y a lo que estamos llamados. Somos imagen de Adán: débiles, pecadores, mortales, por nuestra procedencia en la carne. Pero, por Cristo, por su misterio pascual, tenemos acceso a una nueva procedencia, la procedencia por el Espíritu. que nos hace agraciados, hijos de Dios, hermanos de Cristo y herederos de la gloria eterna. Por tanto, ya no vivimos como Adán, sino como Cristo, el Hombre perfecto (1Co 15,45-49)
  • Jesús nos ha hecho hijos de Dios y discípulos suyos, para que obtengamos la salvación y para que le imitemos en su actuar misericordioso. Lo cual implica entrenarnos ininterrumpidamente en el amor, hasta que todo cuanto realicemos sea motivado únicamente por el amor de Dios (Lc 6,27-38).
  • CEC 210-211: Dios de la misericordia CEC 1825, 1935, 1968, 2303, 2647, 2842-2845: el perdón de los enemigos CEC 359, 504: Cristo, el nuevo Adán.
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