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  • Dios revela a Moisés su nombre “Yo soy el que soy”. Es decir, el Dios que es, frente a los ídolos de los otros pueblos que no son Dios. También significa el que está. El que nunca desaparece, el que nunca está ausente. El que siempre está presente ante aquellos que lo buscan (Éx 3,1-8a. 13-15).
  • Pablo invita a los judios convertidos a considerar los dones recibido de Dios y no despreciarlos, porque en ellos está nuestra vida y la posibilidad de entrar en la gloria eterna. Para ello, les recuerda el ejemplo de aquellos Hebreos que estuvieron bajo la nube, que atravesaron el mar rojo, comieron el maná, bebieron al agua de la roca, pero terminaron rebelándose contra Dios y, por ello, no entraron en la tierra prometida (1Co 10, 1-6.10-12).
  • “déjala todavía este año”. Jesús intercede ante el Padre por todos nosotros. Y sigue trabajando para que nos convirtamos y nos salvemos por medio de su Iglesia. En la parábola, ese “año” del que se habla es toda la vida, porque Jesús no dejará nunca de trabajar y esperar nuestra conversión y salvación. Aunque como todo buen trabajador, Jesús espera que sus esfuerzos y trabajo no sean en vano (Lc 13,1-9).
  • En cada eucaristía, Jesús abona su higuera -la Iglesia- para que crezca y dé fruto. no permitamos que la Palabra y el Cuerpo de Cristo que recibimos se queden estériles en nuestra vida.
  • CEC 210, 2575-2577: Dios llama a Moisés, escucha la oración de su pueblo; CEC 1963-1964: la observancia de la Ley prepara a la conversión; CEC 2851: el mal y sus obras obstaculizan la vía de la salvación; CEC 128-130, 1094: la lectura hipológica del Antiguo Testamento revela el Nuevo Testamento; CEC 736, 1108-1109, 1129, 1521, 1724, 1852, 2074, 2516, 2345, 2731: llevar el fruto.
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