- La coronación de la Pascua es Pentecostés. Nuestra vida ha de ser una Pascua, un paso permanente de la muerte a la vida. Este paso permanente, consciente y esforzado, nos dispondrá cada vez más y mejor para poder recibir mayor efusión del Espíritu Santo y llevar vida a los hombres como hicieron los primeros apóstoles de Jesús (Hch 2,14.22-33).
- Hemos sido liberados por la Sangre de Cristo de la conducta inútil, heredada de nuestros primeros padres, “la Rebeldía”, que conduce a la separación de Dios. Hagamos que la sangre de Cristo nos lleve a la conducta fecunda que es “la obediencia”, que nos mantiene unidos a Dios, la fuente de la auténtica y eterna vida (1Pe 1,17-21).
- Como los discípulos de Emaús, permitamos que la Palabra de Dios haga arder nuestros corazones y presentir, así, la presencia viva de Jesús. Nos invita el Señor a realizar un recorrido por toda la Escritura para comprender cada vez mejor el misterio de su persona y de su obra salvadora. Igualmente, en cada Eucaristía sintamos a Jesús que se ha quedado con nosotros, para seguirnos dando la lección del amor traducido en servicio (Lc 24,13-35).
- CEC 1214-1216, 1226-1228: el Bautismo, renacer por medio del agua y del Espíritu CEC 727-729: Jesús revela al Espíritu Santo CEC 694, 733-736, 1215, 1999, 2652: el Espíritu Santo, el agua viva, un don de Dios CEC 604, 733, 1820, 1825, 1992, 2658: Dios toma la iniciativa; la esperanza del Espíritu.







