- Moisés invita al pueblo de la alianza a echar un vistazo a lo que ha sido su trasegar, desde el momento que hizo alianza con Dios hasta el presente. Ha sido un camino de rebeldía del pueblo, por lo que Dios ha tenido que purificarlo e ir moldeando su corazón. Su camino de 40 años por el desierto ha sido de prueba, pero también de providencia amorosa por parte de Dios que lo ha alimentado principalmente con el maná. Un camino de aprendizaje de cómo caminar en la presencia de Dios (Dt 8,2-3.14b-16a).
- San Pablo nos presenta la eucaristía como sacramento de comunión, donde todos los que participamos del pan convertido en el cuerpo de Cristo y del vino convertido en su sangre, nos volvemos concorpóreos y consanguíneos con Cristo, por ende miembros de una misma familia, miembros del cuerpo de Cristo. Siendo uno con Cristo, nos convertimos en hijos en el Hijo, partícipes de su misma naturaleza y su misma gloria (1 Co 10,16-17)
- La revelación de Jesús respecto de su cuerpo y su sangre como alimento de vida eterna, inmediatamente nos debe llevar a reflexionar a dónde debe apuntar nuestra hambre y nuestro deseo. Jesús ha venido a abrir nuestra hambre y nuestro deseo de las realidades celestiales y eternas. Por amor, nos ha dejado su cuerpo entregado y sangre derramada como alimento que sostiene en esta peregrinación terrena y como pregustación de la vida verdadera y eterna. Vida de comunión íntima y feliz con la divinidad (Jn 5,51-58).
- Cómo podremos agradecer debidamente a Dios el don de la Eucaristía. Sacramento donde está todo nuestro bien y felicidad. Porque cómo decía una santa carmelita, Sor Isabel de la Trinidad “He hallado mi cielo en la tierra, pues el cielo es Dios y Dios está en mi alma”. Ahora no hay forma más real de esta presencia de Dios en el alma que cuando comulgamos.
- CEC 790, 1003, 1322-1419: la Sagrada Eucaristía; CEC 805, 950, 2181-2182, 2637, 2845: la Eucaristía y la comunión de los fieles CEC 1212, 1275, 1436, 2837: la Eucaristía como pan espiritual.







