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- Este pasaje de la Escritura nos relata como Eliseo lleno de agradecimiento hacia una mujer sunamita por su hospitalidad, le profetiza que tendrá un hijo. Este pasaje nos recuerda también como Abraham, por su hospitalidad para con tres misteriosos hombres, también es bendecido con el anuncio de que a pesar de ser ancianos, él y su mujer, tendrán un hijo (Gn 18,10). Esto nos hace entender hasta donde la paternidad es una gran bendición de Dios y un regalo para aquellos que le acogen a Él y a sus enviados (2R 4,8-11.14-16a).
- San Pablo nos revela como el sacramento del bautismo es un sacramento de muerte y de vida. Nos sepulta con Cristo, para que muramos al hombre viejo, al hombre rebelde, desobediente, al hombre soberbio. Y nos resucita con Cristo a una vida nueva; al hombre nuevo según el modelo de Cristo: manso, obediente y humilde. El bautismo no es, entonces, sólo una condición, sino una dinámica permanente en la que fuimos introducidos (Rm 6,3-4.8-11).
- Jesús dice “el que los recibe a ustedes me recibe a mí…el que recibe a un profeta por que es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo…” Jesús se identifica con todos aquellos que creen en él y se le han unido en la causa de la extensión del Reino de Dios. Promete que recompensará a todos aquellos que acojan, ayuden, socorran y presten algún servicio a los que se dedican a la causa del Evangelio (Mt 10,37-42).
- En cada eucaristía tenemos la oportunidad de recibir a Jesús directamente de manos del sacerdote. Esto es para nosotros el motivo de la mayor alegría. Pero también podemos recibir y acoger a Jesús en todos aquellos que nos dan testimonio de él o en aquellos necesitados que podemos socorrer.
- CEC 2232-2233: la primera vocación del cristiano es seguir a Jesús; CEC 537, 628, 790, 1213, 1226-1228, 1694: el Bautismo, sacrificarse a sí mismo, vivir para Cristo; CEC 1987: la gracia nos justifica mediante el Bautismo y la fe.







