PARA COMPARTIR CON NUESTRA COMUNIDAD – Cuarto Domingo de Cuaresma

  • Dios le dice a Samuel, que los hombres se fijan en las apariencias, pero Él se fija en el corazón de los hombres. La elección de David como Rey no es cosa de hombres. El mismo Dios lo ha elegido, no porque era perfecto, sino porque tenía un corazón capaz de reconocer sus errores y enmendarlos; un hombre capaz de aceptar la voluntad de Dios con humildad y un hombre cuya devoción y piedad eran sinceras (1S 16,1b.6-7.10-13a).
  • Antes de conocer a Cristo todo hombre es tinieblas, pues Cristo es la luz. Es lo mismo que decir que solo a través de Cristo conocemos verdaderamente a Dios y podemos vivir como hijos de Dios. Solo a través del Señor podemos conocer el verdadero contenido de la Verdad, la justicia y la bondad. El Apóstol invita a los cristianos a despertar, es decir, a pasar del estado de inconsciencia, de vida puramente carnal; al estado de conciencia, vida en el espíritu, vida en Dios (Ef 5,8-14).
  • Jesús es quien devuelve la vista a los ciegos. Pero no solo la vista física, sino, mejor aún, la vista espiritual. Todos los hombres son enceguecidos por el pecado, que no les permite ver a Dios en sus obras y en el prójimo. Jesús ha venido a devolvernos la vista a través de su doctrina, su gracia y su ejemplo (Jn 9,1-41).
  • Cada eucaristía es un encuentro vivo con Jesús. A través del cual cada vez recibimos más luz acerca de quién es Él y lo que representa para nuestras vidas. Porque es Él mismo quien sale a nuestro encuentro y nos sana e ilumina con su palabra y su presencia salvífica.
  • CEC 280, 529, 748, 1165, 2466, 2715: Cristo, luz de las naciones; CEC 439, 496, 559, 2616: Jesús es el Hijo de David; CEC 1216: el Bautismo es iluminación; CEC 782, 1243, 2105: los cristianos están llamados a ser la luz del mundo.
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