“Han pasado más de treinta años desde que escribí mis «Meditaciones sobre la Semana Santa». Me brindó la ocasión una invitación de la Radio Bávara, la cual pretendía —con estos textos y con las oraciones que les dan término — contribuir a celebrar de un modo adecuado aquellos santos días. Por aquel entonces yo estaba preparando las clases de introducción al cristianismo que impartiría en la Universidad de Tubinga a estudiantes de todas las facultades durante el verano de 1967 y que fueron publicadas en forma de libro al año siguiente1. Tenía claro que la cristología debía constituir el núcleo de estas clases y que en ellas a la teología del misterio pascual le correspondía un puesto igual de central. Por tanto, esas reflexiones servirían también como preparación para las clases que tendría muy poco después. Por otra parte, aquéllas exigían salir del ámbito estrictamente científico: se trataba de llegar a comprender el mensaje cristiano en el momento presente y, por tanto, sobre la base de dicha comprensión, hacerlo comprensible a otros, incluidos a aquellos que están alejados. Así pues, todo esto asumía un carácter muy personal para mí. Me interrogaba sobre mi ser cristiano, sobre cuáles eran el fundamento y el itinerario”…







