LUCAS 9,11-17: SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DEL SEÑOR LA EUCARISTÍA

LUCAS 9,11-17: SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DEL SEÑOR

LA EUCARISTÍA: JESÚS AMOR MULTIPLICADO PARA TODOS

El encuentro con Jesús. La escena está construida de una forma curiosa: es como si llegaran los invitados. Jesús no está escondiéndose de la gente, más bien la está esperando y se dedica a acogerla, a recibirla bien. Miremos cómo al comienzo hay una inversión de roles. Ya el evangelio nos ha enseñado que la gente busca a Jesús: “cuando regresó Jesús, le recibió la muchedumbre, pues todos le estaban esperando” (8,40). Lo mismo parece suceder ahora, en los alrededores de Betania: el escenario comienza a poblarse con multitudes que “saben” donde está y “lo siguen” (9,11ª).  Pero sorprende que esta vez es Jesús quien se ocupa de la acogida: “Acogiéndolas, les hablaba acerca del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados” (9,11b).

La predicación del Reino de Dios: “Les hablaba acerca del Reino de Dios…”. Aquí está la palabra-clave de todo el relato. Como se mostrará enseguida, alimentar a la multitud hambrienta no significa solamente buscarle la comida, sino que es el punto de partida para impartir su enseñanza sobre cuál es el significado del Reino de Dios.

Los dos primeros dones de Jesús. Jesús ofrece el don de su Palabra y de la salud. La enseñanza parece ser extensa (“hablaba…”). Las curaciones, que son signo concreto del acontecer del Reino, son para aquellos que tienen “necesidad”; ya había dicho Jesús: “no necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal” (5,31). Todo el ministerio de curación de una humanidad postrada por el dolor. Al responder explícitamente a la “necesidad” de la gente, Jesús se pone al frente de todo un pueblo en calidad de “servidor”.

La cumbre del servicio de Jesús: el tercer don. La misión de Jesús con el pueblo se prolonga hasta que se acaba el día (9,12a). Aparecen entonces dos nuevas necesidades que los apóstoles se encargan de plantear: (1) el alojamiento y (2) la comida (ver 9,12c); los dos términos caracterizan el “hospedaje” completo. Jesús, entonces, de nuevo se pone al frente de la situación (9,14b-16). Pero la iniciativa de Jesús no hace más que poner en primer plano el servicio que prestan los discípulos. Ellos (1) acomodan a la gente: respondiendo así a la necesidad de acogida-alojamiento; y (2) sirven la comida: respondiendo así a la necesidad del alimento del huésped.  Podría decirse, aunque suene redundante, que los apóstoles –como totalidad de Doce (=comunidad apostólica)- se ponen al servicio de Jesús.

Jesús es servidor de la mesa y formador de la comunidad. “Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta” (9,14). Los apóstoles reaccionan: “Lo hicieron así, e hicieron acomodarse a todos” (9,15). Aunque quién obedece el mandato de Jesús, en última instancia es la gente, vale destacar aquí la acción de los apóstoles: (1) Su tarea corresponde a un gesto profundo de acogida: el verbo “acomodar” (en griego “reclinar”, en el sentido de “ponerse a la mesa”) es el mismo que aparece en el relato de la Cena en Emaús, donde se dice que Jesús “se puso a la mesa” con los dos peregrinos que acababan de recibir la Palabra en el camino (24,30). Por lo tanto, el “acomodar” alude al acoger en la más profunda intimidad de una familia: la mesa.(2) La finalidad es “formar comunidad”: este es el sentido de la frase en griego. El número “como cincuenta”, por cada grupo, parece querer evitar la masificación y más bien promover la integración. (3)Procuran que nadie se quede sin ser acogido: “a todos”. La comunidad de mesa es un espacio que “incluye” sin excepciones. Así Jesús hace de una muchedumbre anónima, de la masa, un verdadero pueblo, el “pueblo” querido por Dios. Por su parte los apóstoles aparecen como aquellos que son capaces –gracias a Jesús- de hacer por el pueblo lo que el pueblo no podría hacer por sí mismo: este es el sentido de su liderazgo en el servicio.

Fidel Oñoro, cjm – Centro Bíblico del CELAM

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