QUERIDOS HERMANOS SACERDOTES,
Al iniciar el próximo 30 de mayo la Novena de Pentecostés, iniciamos un tiempo de gracia y renovación. El Espíritu Santo, quien es el alma vivificante de la Iglesia, nos llama a abrir nuestro corazón para recibirlo con humildad y disposición, sabiendo que Él quiere transformarnos y fortalecernos en nuestra vocación.
Pentecostés es un momento privilegiado para renovar nuestra misión como pastores, como sacerdotes llamados a ser instrumentos del Espíritu en medio de nuestro pueblo. La vida de la Iglesia y la de cada uno de nosotros se renuevan cuando nos dejamos moldear por el Espíritu Santo, quien nos da los dones necesarios para cumplir con la voluntad de Dios en nuestra misión. En este tiempo de oración, pidamos al Señor que nos conceda la gracia de ser canales transparentes de Su amor, de ser guías fieles en la fe y de vivir en la radicalidad del Evangelio.
Pongámonos, entonces, en manos del Espíritu, que Él nos guíe y nos fortalezca en este camino, renovando nuestra entrega y nuestro fervor por la misión que el Señor nos ha encomendado. Que esta novena sea una oportunidad para abrir nuestro corazón al poder del Espíritu y permitirle actuar en nosotros, transformándonos en instrumentos de paz, amor y unidad.
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