Señor, Dios de amor y misericordia, hoy elevamos nuestro corazón por tus sacerdotes, aquellos hombres que han dejado todo por seguirte, por amarte y servir a tu pueblo con entrega generosa.
En este mes de agosto, tiempo de renovación, abraza a cada uno de ellos en lo profundo del alma.
Llévalos al silencio donde hablas al corazón, renueva su alegría, sana sus heridas, fortalece su fe y enciende de nuevo el fuego de su vocación.
Que encuentren en la oración tu presencia viva, en la fraternidad, el apoyo que reconforta, y en el estudio, la luz para seguir guiando con sabiduría a tu pueblo.







