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  • El profeta Isaías invita a sus coterráneos a que sean fieles a la Alianza con el Señor, para que puedan ser partícipes de su salvación. Que todo no sea culto exterior, sino práctica de la misericordia. También invita a los extranjeros que se han dejado atraer por el Dios de Israel a que practiquen un culto auténtico para que sean partícipes de la misma suerte y bendición, es decir, sean miembros de la misma familia de Israel (Is 56,1.6-7).
  • El Apóstol Pablo explica como la misericordia de Dios es pura gracia. Y todos los hombres estamos llamados a ella, porque todos hemos sido desobedientes. Y los que hemos entrado en la obediencia de la fe, no debemos enorgullecernos, sino orar y trabajar porque todos puedan entrar en esta gracia (Rm 11,13-15.29-32)
  • La mujer cananea, no poseía una fe explícita en el Dios de los judíos, pero creyó todo lo que se decía de Jesús y por ello se acerca con confianza a suplicarle por su hijo. No se desanima ante la aparente indiferencia de Jesús, tampoco ante sus palabras que la sitúan en una posición desfavorable. Contrario a lo que se podía pensar, la mujer está dispuesta a alcanzar las migajas que Jesús le pueda ofrecer. Esta mujer está dispuesta a quedarse con Jesús hasta alcanzar su propósito, la sanación de su hija. Su fe, humildad y perseverancia lo consiguen (Mt 15,21-28).
  • En cada Eucaristía se nos ofrece el pan de los hijos de Dios. Por ello, para poder acercarnos a recibir el pan, que es Cristo mismo, debemos examinar bien cómo estamos viviendo nuestra condición de hijos, es decir, cómo vamos en el proceso de identificación con Cristo.
  • CEC 543-544: el Reino de Dios anunciado primero a Israel, ahora a todos los que creen; CEC 674: la venida de Cristo esperanza de Israel; su aceptación definitiva del Mesías; CEC 2610: el poder de la invocación hecha con fe sincera; CEC 831, 849: la Iglesia es católica.

 

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