CARDENAL JAIME SPENGLER MOTIVA A UNA CONVERSIÓN PERSONAL Y SOCIAL PARA CUIDAR LA CREACIÓN

El arzobispo de Porto Alegre y presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño, observa que la crisis climática ya no puede ser atendida únicamente con medidas paliativas y plantea la necesidad de revisar los modelos de desarrollo, producción y consumo.

Las consecuencias de la crisis climática representan un desafío que involucra a toda la sociedad y exigen respuestas que vayan más allá de medidas puntuales. Así lo propone el cardenal Jaime Spengler, arzobispo de Porto Alegre, en un artículo publicado el 1 de septiembre por la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, con motivo del undécimo Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación.

Para el cardenal, la situación actual no puede reducirse a una cuestión ambiental atravesada por disputas políticas o intereses económicos. Se trata, advierte, de una realidad que compromete las condiciones de supervivencia del planeta y, por tanto, de la vida humana: “Ya no es posible limitarse a administrar la crisis por medio de medidas paliativas”.

El purpurado recoge además una preocupación que, a su juicio, resulta cada vez más evidente: “No hay más tiempo que perder”. La degradación ambiental está destruyendo ecosistemas, contaminando recursos esenciales, amenazando la biodiversidad y poniendo en riesgo la seguridad alimentaria.

Revisar el modelo de desarrollo

Ante este escenario, el presidente del Celam considera necesario revisar con valentía el modelo de desarrollo que predomina en la sociedad. En particular, cuestiona lo que denomina el “mito de una modernidad tecnocrática”, caracterizada por una confianza absoluta en la lógica, la ciencia y la razón, al tiempo que tiende a dejar de lado la dimensión de la fe y la trascendencia.

Según el cardenal Spengler, esta visión termina fragmentando tanto la realidad como al propio ser humano. El desequilibrio ambiental y climático que avanza con rapidez genera inquietud, sufrimiento e inseguridad: “No se puede negar que estamos hiriendo y, en muchos casos, destruyendo, las propias condiciones que sostienen la vida”.

La autoridad eclesial sitúa la celebración del Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación como una ocasión para contemplar el don de la vida y agradecer el planeta que la sostiene. La jornada, celebrada cada 1 de septiembre, tiene el fin de renovar el compromiso con la creación y promover una conciencia social cada vez más atenta a la responsabilidad de cuidar la casa común.

Conversión que alcance las estructuras y los corazones

El uso inadecuado de la libertad y del poder humano, sostiene el cardenal, hace urgente un verdadero proceso de conversión, tanto personal como social. La degradación ecológica y sus consecuencias, entre ellas el cambio climático, están vinculadas con lo que la Constitución pastoral Gaudium et Spes denomina el “desequilibrio fundamental que se radica en el corazón del ser humano”.

Por esta razón, el Card. Spengler considera que la transformación de las estructuras sociales y de los modelos de producción y consumo no puede realizarse de manera aislada. Debe estar acompañada por una transformación de las mentes y los corazones. Solo mediante este proceso, explica, será posible cultivar una actitud de respeto, responsabilidad y gratitud ante “el don de la extraordinaria belleza y armonía presentes en la obra de la creación”.

El cardenal invita a superar una comprensión de la creación como un acontecimiento exclusivamente situado en el pasado: “La creación no es apenas algo que ocurrió en un pasado distante; es un don que continúa sucediendo y renovándose en el presente”, señala, remarcando que este proceso se desarrolla ante los ojos de las personas y bajo su responsabilidad.

Ciencia, educación, política y fe ante la emergencia ecológica

La emergencia ecológica, sostiene el Card. Spengler, adquiere una gravedad creciente y ya afecta la vida de millones de personas, al mismo tiempo que amenaza el futuro de las próximas generaciones. Frente a una realidad compleja y urgente, considera indispensable articular las capacidades de los distintos sectores de la sociedad. Ciencia, educación, política, economía, comunidades de fe y sociedad civil están llamados a unir esfuerzos para enfrentar la crisis.

Para el también arzobispo de Porto Alegre, esta articulación no debe entenderse simplemente como una alternativa posible: “Es un imperativo ético y una responsabilidad común”.

El cardenal Jaime Spengler resume el sentido del cuidado de la creación relacionando directamente la protección de la casa común con la defensa de la vida: “Cuidar la creación es, por tanto, cuidar la vida”. La tierra, explica, no pertenece al ser humano de manera absoluta, se le ha sido confiada. Esta confianza implica una respuesta por parte de cada persona, marcada por la responsabilidad y la solidaridad, pero también por la conciencia de que las decisiones del presente tienen consecuencias sobre el futuro.

Tomado de ADN CELAM

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