IGLESIA LATINOAMERICANA BUSCA TRANSFORMAR LA PASTORAL CARCELARIA ANTE LA CRISIS QUE GOLPEA LAS PRISIONES DEL CONTINENTE

Ante la compleja realidad penitenciaria de la región, representantes de la Pastoral Carcelaria de América Latina y el Caribe se reúnen en Bogotá para impulsar una acción continental de acompañamiento en favor de las personas privadas de libertad.
Durante la semana del 31 de agosto al 4 de septiembre, la sede del Celam en Bogotá congrega a referentes de las Comisiones Nacionales de Pastoral Carcelaria y representantes del organismo episcopal continental para analizar los desafíos del sector.
El padre Luis Carlos Aguilar Badilla, integrante del Centro de Pastoral de Reforma Penitenciaria y Acompañamiento a las Personas Privadas de Libertad (Ceprap–Celam, subrayó que el encuentro parte de la realidad de las personas privadas de libertad y de las situaciones que se viven en las cárceles del continente. “Reunirse en la sede del Celam para pensar juntos la Pastoral Carcelaria del continente no es un gesto administrativo”, observó.

Una pastoral que parte de la realidad de las cárceles

Al explicar la raíz de esta misión, el padre Aguilar Badilla subrayó que la Pastoral Carcelaria forma parte de la propia tarea evangelizadora de la Iglesia y de su compromiso con quienes viven situaciones de exclusión. “La Pastoral Carcelaria no nació de una estrategia pastoral ni de una moda eclesial: nació del corazón de Cristo”, afirmó.
La misión evangelizadora, explicó, se traduce en una presencia concreta junto a las personas privadas de libertad, sus familias y las víctimas. “Cuando un agente pastoral entra a una cárcel, cuando visita a un privado de libertad, cuando acompaña a una familia que carga con el dolor del encierro o escucha a una víctima, no está haciendo simplemente una obra social: continúa la misión del Señor”, apuntó.
El encuentro tiene como telón de fondo una realidad penitenciaria cada vez más compleja, en la que persisten la sobrepoblación, las condiciones precarias de vida y la vulneración de derechos. El escenario también está marcado por el endurecimiento del discurso punitivo, el peso del crimen organizado y la estigmatización de las personas privadas de libertad y sus familias.
El directivo señaló que, las condiciones de las cárceles no pueden ser abordadas desde la indiferencia ni desde la estigmatización de quienes están privados de libertad. “La sobrepoblación sostenida, la precariedad de las condiciones de vida, la vulneración sistemática de derechos, el endurecimiento del discurso punitivo, el peso creciente del crimen organizado y la estigmatización de las personas encarceladas y de sus familias forman parte de una realidad que exige ser leída con seriedad y con verdad”, resaltó.
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