- El profeta Ezequiel es puesto por Dios como centinela. No para guardar una ciudad, no para avisar de peligros externos. Sino, para ser la alarma moral para sus paisanos que están en el exilio. El profeta velará porque la conducta de los judíos en el destierro corresponda con la fidelidad a la alianza hecha con Yahvé. Su tarea será ser la voz de Dios en la conciencia de sus hermanos. De esta manera Dios muestra la solicitud que sigue teniendo por su pueblo, aún en el exilio y su compromiso irrevocable de conduciros hacia la salvación (Ez 33,7-9).
- Pablo ha entendido bien lo que dijo Jesús, que en el amor a Dios y al prójimo se resumen la ley y los profetas (cfr Mt 22, 37-40). También ha entendido bien que la única forma de aprender este precepto es la fe en Cristo, quien nos enseñó a amar al prójimo haciéndole todo el bien que podamos, practicando sin cesar la misericordia y dando la vida (Rm 13,8-10).
- En la comunidad de Jesús, se vive según las enseñanzas de Jesús, sus parámetros morales y espirituales. Si alguien se sale de esto, se autoexcluye de la comunidad. Por eso la necesidad de corregir e invitarle a la conversión y la enmienda. Si no acepta la corrección y no se quiere enmendar, se debe comenzar con esa persona desde cero, es decir, orar por su conversión (Mt 18,15-20). Explica Jesús que cuando una persona está muy renuente a la conversión hay que agotar todos los recursos y toda la comunidad a la que pertenece esa persona debe estar disponible y hacerse responsables en traer de vuelta a la obediencia de la fe a dicha persona.
- En cada Eucaristía todos somos invitados en el acto penitencial a reconocer nuestros pecados y la necesidad que tenemos de enmendarlos continuamente de nuestras faltas. Es el momento en que como comunidad de fe aceptamos humildemente la corrección de Dios.
- CEC 2055: el Decálogo se resume en el mandamiento de amar; CEC 1443-1445: reconciliación con la Iglesia; CEC 2842-2845: “como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”







