El Simposio Internacional Misiológico reunió en Chile a 65 representantes de 19 países, para dialogar sobre los desafíos de la misión en el continente. El encuentro se desarrolló del 24 al 27 de septiembre y forma parte del camino preparatorio hacia el 7.º Congreso Americano Misionero.
Las Iglesias de América se encontraron en Chile para compartir experiencias, discernir los desafíos actuales de la evangelización y pensar nuevas formas de presencia misionera en las fronteras del continente. El Simposio Internacional Misiológico “Iglesias de América, en misión en las fronteras” reunió del 24 al 27 de septiembre a 65 delegados procedentes de 19 países, en las cercanías del Santuario de la Virgen Purísima de Lo Vásquez, en Casablanca.
El encuentro se inscribe en el proceso de preparación del 7.º Congreso Americano Misionero (CAM 7), que tendrá lugar del 14 al 18 de noviembre de 2029 en la Arquidiócesis de Curitiba, Brasil.
Más que preparar un acontecimiento aislado, el simposio manifiesta la necesidad de comprender la misión como un proceso que se construye entre las Iglesias locales, desde sus distintas realidades culturales y pastorales. La escucha, el intercambio de experiencias y la comunión entre los países fueron algunos de los ejes que atravesaron las jornadas.
Misión que nace del testimonio
Durante la apertura, el arzobispo de Curitiba y presidente del CAM 7, monseñor José Antônio Peruzzo, propuso mirar críticamente las formas contemporáneas de anunciar el Evangelio. A partir del relato evangélico sobre Herodes y los discípulos de Jesús, diferenció entre el interés pasajero por conocer a Jesús y una experiencia capaz de transformar la propia vida.
Su reflexión puso sobre la mesa uno de los desafíos de la evangelización en una sociedad marcada por las redes sociales y la cultura digital: evitar que el anuncio cristiano quede reducido a una experiencia de consumo o a una presentación atractiva sin raíces en la vida.
“Ser misionero va mucho más allá de hacer marketing o explicar a Jesús con palabras; la misión pide sólidos principios teológicos y coherencia de vida”, dijo monseñor Peruzzo. Para el arzobispo, la evangelización adquiere credibilidad cuando existe correspondencia entre lo que se anuncia y la manera de vivir. El testimonio cotidiano aparece como una dimensión inseparable de la misión.
Cristo y el Pueblo de Dios
El presidente de la Comisión Episcopal para la Acción Misionera de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), monseñor Maurício da Silva Jardim, explicó que el CAM 7 propone un acento particularmente cristológico, con el anuncio y el testimonio de Jesucristo como eje de su propuesta.
El obispo de Rondonópolis-Guiratinga recordó que el anterior Congreso Americano Misionero, celebrado en Puerto Rico, tuvo una marcada reflexión sobre el Espíritu Santo. Para esta nueva etapa, explicó, la mirada se dirige hacia Cristo y hacia las Iglesias locales como protagonistas de la misión.
“En tiempos de sinodalidad, de comunión y de participación, el CAM 7 ya comenzó y comienza también aquí entre nosotros”, señaló. Esta mirada recoge además la comprensión de la Iglesia como Pueblo de Dios promovida por el Concilio Vaticano II y la relación con el actual proceso sinodal que viven las comunidades eclesiales del continente.
Las fronteras más allá de los territorios
El obispo de Valparaíso y presidente de las Pontificias Obras Misionales en Chile, monseñor Jorge Patricio Vega Velasco, invitó a ampliar la mirada sobre las fronteras de la misión. Desde su experiencia pastoral en Angola y su recorrido por distintas realidades eclesiales, planteó que la tarea misionera no puede limitarse a los espacios habituales de las parroquias o comunidades.
“Muchas veces nos enfocamos tanto en nuestra pequeña escala que no abrimos los ojos para ver a aquellas personas que todavía no tienen a Jesucristo en el corazón”, expresó.
En esa línea, propuso comprender la misión desde el encuentro con las personas y no únicamente desde una lógica territorial. El desafío, explicó, consiste en acercar a Cristo a quienes todavía no han tenido la oportunidad de encontrarse con su mensaje.
Iglesia que sale al encuentro
La directora nacional de las Pontificias Obras Misionales en Brasil, hermana Regina da Costa Pedro, subrayó que la misión continental compromete a todos los bautizados y requiere una evangelización sustentada tanto en la formación como en la cercanía.
“No somos dueños del mensaje que proclamamos”, dijo. A su juicio, el anuncio pierde sentido cuando no ayuda a generar un encuentro entre Jesús y su pueblo.
La religiosa enfatizó en una misión entendida desde la condición de discípulos misioneros, capaces de anunciar desde una experiencia personal de encuentro con Cristo y de acompañar a otros en ese mismo camino.
El camino que se construye entre muchos
La preparación del CAM 7 también está poniendo en iálogo a equipos, organismos y representantes de diferentes países. Liliam Habibe de Andrade, secretaria de las Pontificias Obras Misionales en Brasil y articuladora de las comisiones de trabajo del congreso, resaltó precisamente el carácter colectivo de este proceso.
“El CAM 7 no está siendo preparado por un solo equipo o por un solo país. Se está construyendo con muchas manos, con diferentes experiencias, culturas y realidades misioneras”, explicó.
Para Andrade, los encuentros internacionales permiten que el propio proceso preparatorio se convierta en un espacio de misión. Escuchar a otras Iglesias, compartir experiencias y asumir responsabilidades comunes son, desde su perspectiva, parte de la preparación del Congreso.
La experiencia del CAM 6, celebrado en Puerto Rico, también estuvo presente en las conversaciones. Natalia Del Valle Rosario, representante de ese país, insistió en que la animación misionera necesita continuidad después de cada encuentro continental: “Se trata de un proceso, no de un evento puntual que sucede, pasa y termina. Es un camino que vamos realizando día a día”.
El Simposio Internacional Misiológico en Chile se suma a una ruta continental que tiene como fin preparar el CAM 7 desde las realidades de las Iglesias de América. El desafío planteado por los participantes apunta a que la misión se traduzca en procesos sostenidos de encuentro, formación, comunión y anuncio del Evangelio en las distintas fronteras del continente.







