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Francisco y la parábola del sembrador: “Si la Palabra es la semilla, nosotros somos el terreno: podemos recibirla o no”

“Jesús conoce nuestro terreno, sabe que las piedras de nuestra inconstancia y las espinas  de nuestros vicios  pueden sofocar la Palabra, y sin embargo siempre espera que nosotros  podamos dar fruto abundante”

Advertencia a los padres: “Si, cediendo a la desconfianza, renuncian a sembrar y dejan a los hijos a merced de las modas y del móvil, sin dedicarles tiempo, sin educarles, entonces el terreno fértil se llenará de malas hierbas”

“No olvidemos nunca, cuando anunciamos la Palabra, que también donde parece que no sucede nada, en realidad el Espíritu Santo está trabajando y el reino de Dios ya está creciendo, a través y más allá de nuestros esfuerzos”

“Hace 80 años, algunos barrios de Roma fueron bombardeados, y el Papa Pío XII quiso ir a visitar a las familias. También hoy, lamentablemente, estas tragedias se repiten. ¿Hemos perdido la memoria? Que el Señor tenga misericordia de nosotros y nos conceda el don de la paz”

El sembrador. La siembra. La mies y los trabajadores. El Evangelio. Apenas se reduce todo a esto, en mitad de debates falsos sobre evangelización vs proselitismo. A veces todo es tan pequeño como una semila, que “casi no se ve, pero hace crecer plantas que dan frutos”. Así lo planteó el Papa Francisco en su Angelus del ‘ferragosto en julio’ de este domingo.

Ante miles de files en la plaza de San Pedro, Bergoglio desentrañó el significado de la parábola del sembrador. “La Palabra de Dios es así; pensemos en el Evangelio, un pequeño libro, sencillo y al alcance de todos, que produce vida nueva en quien lo acoge“.

Por tanto, “si la Palabra es la semilla, nosotros somos el terreno: podemos recibirla o no”, explicó. Pero Jesus, buen sembrador, “no se cansa de sembrarla con generosidad. Conoce nuestro terreno, sabe que las piedras de nuestra inconstancia y las espinas  de nuestros vicios  pueden sofocar la Palabra, y sin embargo siempre espera que nosotros  podamos dar fruto abundante”; recalcó el Santo Padre.

¿Cómo podemos, nosotros, “sembrar sin cansarnos”?, se preguntó el Pontífice, quien puso tres ejemplos: los padres, los jóvenes y los “sembradores del Evangelio”.

Padres, jóvenes y sembradores del Evangelio

En primer lugar los padres: “ellos siembran el bien y la fe en los hijos, y están llamados a hacer sin  desanimarse si a veces estos parecen no entenderlos y no apreciar sus enseñanzas, o si la mentalidad del mundo  “rema en contra””, incidió. Como sucede en la tierra, “la semilla buena se queda, esto es lo que cuenta, y echará raíces en el momento adecuado”.

“Pero si, cediendo a la desconfianza, renuncian a sembrar y dejan a los hijos a merced de las modas y del móvil, sin dedicarles tiempo, sin educarles, entonces el terreno fértil se llenará de malas hierbas”, advirtió.

Dirigiéndose a los jóvenes, el Papa explicó que “también ellos pueden sembrar el Evangelio en los surcos de la vida  cotidiana”, ya sea con la oración, o con el tiempo dedicado “a quien lo necesita más”. Un tiempo que “puede parecer perdido, sin embargo es tiempo santo, mientras las satisfacciones  aparentes del consumismo y del hedonismo dejan manos vacías. Y pienso en el estudio, que es cansado y no  es inmediatamente satisfactorio, como cuando se siembra, pero es esencial para construir un futuro mejor para  todos”.  

Finalmente, “los sembradores del Evangelio, muchos buenos sacerdotes, religiosos y laicos  comprometidos en el anuncio, que viven y predican la Palabra de Dios a menudo sin registrar éxitos inmediatos”. “No olvidemos nunca -resaltó-, cuando anunciamos la Palabra, que también donde parece que no sucede nada, en realidad el Espíritu Santo está trabajando y el reino de Dios ya está creciendo, a través y más allá de nuestros esfuerzos”.

¡Adelante con alegría!

Por eso, concluyó Francisco, “¡adelante con alegría! Recordemos a las personas que han puesto la semilla de la  Palabra de Dios en nuestra vida: quizá ha brotado años después de que hayamos encontrado sus ejemplos,  ¡pero ha sucedido precisamente gracias a ellos!”. 

A la luz de todo esto preguntémonos: ¿yo siembro el bien? ¿Me preocupo solo por recoger para mí o  también de sembrar para los otros? ¿Lanzo algunas semillas del Evangelio en la vida de todos los días: estudio,  trabajo, tiempo libre? ¿Me desanimo o, como Jesús, sigo sembrando, también si no veo resultados inmediatos?  María, que hoy veneramos como Virgen del Monte Carmelo, nos ayude a ser sembradores generosos y alegres  de la Buena Noticia. 

Pío XII y la memoria de la guerra

En sus saludos finales, quiso recordar que “hace 80 años, algunos barrios de Roma fueron bombardeados, y el Papa Pío XII quiso ir a visitar a las familias. También hoy, lamentablemente, estas tragedias se repiten. ¿Hemos perdido la memoria? Que el Señor tenga misericordia de nosotros y nos conceda el don de la paz”, recalcó el Papa, quien instó a que “pidamos por el querido pueblo ucraniano, que sufre tanto”.

Tomado de RELIGIÓN DIGITAL

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