GUSTOS OFENSIVOS

Hace pocos días, el 6 de marzo de 2025, falleció el teólogo jesuita José Ignacio González Faus, prolífico escritor que dedicó muchos de sus esfuerzos académicos al rescate de la humanidad, según el proyecto de Dios. Su teología tiene como eje la reivindicación del rostro humano de Dios y el acceso a la fe desde la humanidad real de Jesús

Una humanidad que no se diluye en el concepto universal genérico sino que se concreta y visibiliza en cada sujeto que vive y actúa en el contexto histórico y cultural, en el cual cada uno procura realizar su ideal humanista, al estilo de la propuesta de Jesús, no individualmente sino en sinodalidad y comunidad, como interdependientes que somos. Al fin, vivir es llegar a ser plenamente hombre, como un proceso interminable e inacabado, cuyo paradigma perfecto es el mismo Señor.

González Faus en el artículo “El dinero como dios” (2014), afirmaba: “Creer en Dios es confiar en él, pero nosotros hemos sustituido la confianza por el culto: confiamos nuestro futuro al dinero, y a Dios le hacemos procesiones y templos que no llegan hasta el cielo”. El verdadero culto es hacer justicia al oprimido, liberar al cautivo y consolar al triste. Así, con las conductas consecuentes de un pensamiento opuesto al de Jesús, hemos producido esa extraña criatura en el proyecto de Dios: el pobre, quien en lugar de promoverlo y liberarlo, lo hemos perpetuado con los excluidos, descartados y desechables.

La vida cristiana nos debería comprometer a revisar los modos de vivir, de proceder, de juzgar, de proponer y de construir humanidad entre nosotros. Especialmente, los sacerdotes estamos llamados a ser testigos y profetas de la humanidad nueva en Cristo, comprometidos a no dejar al Dios de los pobres, el auténtico sacramento de Padre, por la falsedad efímera de los falsos dioses que nos imponen su poder, como lo es el dinero.

Una manera de hacerlo, personalmente, es cuestionar ciertos gustos y placeres que resultan ofensivos para los pobres, “vicarios de Cristo”, y para esta sociedad que necesita identificar y seguir signos creíbles y contundentes de Jesús de Nazareth. Y, ¿quién más que los sacerdotes? Hay ciertos modos de vivir, algunas relaciones que fomentamos y ciertos elementos que usamos, que podríamos revisar para vivir más sobriamente sin ofender a los hermanos -también sacerdotes- que tienen que sobrevivir en medio de carencias o que hacen malabares creativos para no sucumbir.

P. Darío Gómez Zuluaga

Compartir

Suscríbete a nuestro boletín