LA CATEQUESIS UN EMPEÑO PERMANENTE

Una de nuestras principales preocupaciones como presbíteros es el anuncio de la Palabra a través de la catequesis. Y debe ser siempre un empeño preparar buenos catequistas. Ahora, es importante preguntarnos ¿Cómo debe ser la formación de los catequistas? debe ser una formación integral, que tome al catequista en todas sus dimensiones: EN EL SER, procurando su madurez humana, cristiana y conciencia misionera; EN EL SABER, con una buena preparación bíblico-teológica, conocimiento del ser humano y del contexto social; EN EL HACER, con conocimientos pedagógicos y metodológicos; EN EL ACOMPAÑAMIENTO, con capacidad para guiar, orientar espiritual, moral y vocacionalmente. Luego, pensar en los medios a través de los cuales se lleva a cabo esta formación: cursos, jornadas, seminarios, talleres, escuela de catequistas, centros superiores o centros especializados en catequética. No debemos escatimar esfuerzos y recursos para la buena formación de los catequistas, si es que el día de mañana queremos tener una parroquia, cuyos laicos respondan de verdad a su compromiso misionero.

Conviene, aquí recordar los ámbitos catequéticos necesarios, para que se de una formación cristiana que de verdad abarque toda la parroquia. En primer lugar, está la CATEQUESIS DE PREPARACIÓN PARA EL BAUTISMO. es importante en la parroquia formar grupos, para la preparación de padres y padrinos. No se trata de una catequesis larga y exhaustiva, pero sí que despierte en los padres y padrinos el deseo de conocer a Dios, la conversión a Jesucristo y el compromiso de incorporarse a la vida de la parroquia, según las posibilidades de cada uno. Incluyendo algunos momentos fuertes de oración en común y una preparación inmediata al rito del bautismo. En segundo lugar, LA CATEQUESIS FAMILIAR. Esta modalidad se da en algunas diócesis, en el ámbito de la catequesis de primera comunión de los niños. Apunta a la evangelización de la familia entera. Se justifica esta modalidad teniendo en cuenta que son los papás quienes están llamados a ser los primeros educadores en la fe de sus hijos, de modo que puedan participar de una manera directa y activa en la catequesis. En esta catequesis, que puede abarcar un periodo de dos a tres años, se ofrece la instrucción doctrinal, se realiza una experiencia de comunidad y se celebra la fe. Esta modalidad, además de implementarse en las parroquias se puede implementar en los colegios católicos. En tercer lugar, LA CATEQUESIS PREVIA A LA PRIMERA CONFESIÓN. Los niños que se preparan para la primera comunión deben recibir también la catequesis de preparación para la primera confesión. Parece que no es conveniente retardarlo hasta el momento previamente inmediato al día de la primera comunión. Es recomendable que el sacramento de la penitencia se celebra con más antelación, por ejemplo, a los seis meses de preparación a la primera comunión (donde la preparación es de un año), o al año de preparación (donde la preparación es de dos o más años), y que se reitere algunas veces antes de recibir la primera comunión a fin de destacar el valor de la confesión y la importancia de acudir frecuentemente a ella. En cuarto lugar, LA CATEQUESIS DESPUÉS DE LA PRIMERA COMUNIÓN. Es del todo conveniente que los niños que ya tomaron la primera comunión continúen en grupos de preadolescentes y adolescentes, profundizando el sacramento, realizando actividades apostólicas y misioneras, y favoreciendo el descubrimiento de su propia vocación. Finalmente, LAS CATEQUESIS DE CONFIRMACIÓN. Es de desear que los catequistas de confirmación tengan facilidad de diálogo con los confirmandos, suficiente conocimiento del proceso de formación en la fe, cierta cualificación pedagógica, capacidad para dar una imagen atractiva de lo que significa ser cristiano, así como haber adquirido la preparación previa exigida.

El compromiso con la catequesis debe ser de todos los sacerdotes y no solo de los que están encargados de manera directa, ya que la formación en la fe es determinante en el proceso de madurez cristiana de toda la comunidad y de su compromiso en la evangelización. Por ello, preparémonos bien y preparemos de manera conveniente a nuestros catequistas.

Jose Humberto

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