Generalmente, cuando se recibe el ministerio sacerdotal, el primer destino pastoral es una parroquia. Y, aunque a los comienzos se llegue con aquella ilusión de salvar el mundo, la ingenuidad de que se está totalmente preparado para la tarea; conveniente es que se nos hable de qué necesidades tienen las parroquias de hoy. Lo primero, que habría que decir es que en un mundo donde ha desaparecido la homogeneidad en lo religioso-espiritual, debemos hablar de una conversión pastoral de la parroquia. Esta conversión empieza, a su vez, por una renovación de todos los agentes de evangelización: párrocos, vicarios, diáconos, religiosos, laicos comprometidos. Es claro, y ya se viene hablando desde hace años que la parroquia debe pasar de una pastoral de eventos a una pastoral de procesos, de una pastoral de conservación a una pastoral de evangelización misionera. Lo cual requiere reformas y adaptación. ¿Qué necesitamos reformar? estructuras de evangelización, procesos formativos, estilos de vida. En este punto, debemos volver a lo que nos decía el Concilio Vaticano II “volver a las fuentes”, es decir, volver a nuestras raíces cristianas, para tener clara nuestra identidad como Iglesia y nuestra misión; implica además, un examen autocrítico para emprender un camino serio de reforma personal y comunitario que nos permita ser realmente fieles a Cristo y entrar en diálogo con los hombres de nuestro tiempo. Ahora, ¿A qué necesitamos adaptarnos? necesitamos adaptarnos a la forma de vida y estilos de la gente de nuestro tiempo, para saber cómo de qué forma podemos ofrecerles el Evangelio. Aquí, entonces, surge una necesidad imperante: estar en contacto permanente con la gente de la calle, los líderes, las instituciones a fin de escucharles y darnos cuenta de sus necesidades, aspiraciones, preocupaciones, sufrimientos, esperanzas. Ello implica también para nosotros aprender a adecuarnos a las exigencias sociales y los cambios históricos, a fin de no volvernos anacrónicos.
Por otro lado, es importante no perder el sentido de lo que es la parroquia. Una comunidad de fieles que profesan la misma fe, celebran los sacramentos y se entregan al servicio de los necesitados; la familia de Dios, creyentes unidos como un solo corazón y una sola alma; es la Iglesia localizada en una porción del pueblo de Dios en la que por su catolicidad hay lugar para todos y todos pueden encontrar su lugar, donde todos son bienvenidos.
Debemos, hoy más que nunca, ser conscientes de que muchos bautizados comprenden la religión como el cumplimiento de costumbres y deberes religiosos sin conexión con la existencia concreta. Por ello, una de las tareas más urgentes en la labor pastoral es despertar la conciencia cristiana en niños, jóvenes, matrimonios y consagrados. El cristianismo es vida, por tanto, aprendizaje, desarrollo , crecimiento , maduración, fecundidad… Desde esta perspectiva, debemos promover un protagonismo cada vez más comprometido y eficaz de los fieles laicos en la evangelización, sobre todo entre quienes todavía no creen o ya no viven la fe recibida en el bautismo. Despertar en los laicos la conciencia de su llamado a participar activamente en la acción misionera de la Iglesia, valiéndonos de la predicación, la catequesis, el acompañamiento espiritual, el trabajo en las comunidades y movimientos eclesiales. La planificación pastoral de la parroquia debe tener este punto como fundamental, si quiere responder en verdad a los retos que nos presenta este tiempo.
Los líderes parroquiales, empezando por los sacerdotes, debemos promover una pastoral de cercanía y cooperación interparroquial, como testimonio de Unidad y Caridad. Que además, nos ayude a promover la fraternidad y sea elemento de enriquecimiento mutuo entre las parroquias.
Necesitamos hacer creíble que hoy es posible una existencia conforme al Evangelio. Ello requiere el compromiso personal y comunitario, una coherencia radical, no solo de algunos, sino de todos los bautizados; que la comunidad parroquial sea un lugar donde todos se encuentren como en su casa; por último, debe ser una prioridad, para nosotros como ministros ordenados, la escucha y el acompañamiento, buscando alternativas para una pastoral más personalizada, el trabajo con las familias será fundamental para esto. Es lógico que queda mucho por decir al respecto, pero los neopresbíteros deben tener muy claro todo lo anterior para que puedan insertarse adecuadamente en la excitante y hermosa vida parroquial. P. José Humberto







