Como sacerdotes nos aprestamos para celebrar la Semana Mayor y conducir a todos los bautizados a un encuentro renovador con el Misterio Pascual de Cristo. El Misterio de la Redención, sigue presente y actuante en el mundo por medio de la Iglesia que, a través de los pastores, celebra y proclama a través de los signos y las oraciones de la liturgia a Cristo “Redentor de los Hombres”. La Palabra redención, quizá sea hoy una palabra poco conocida para muchos o incomprensible. Para nosotros los cristianos debe ser una verdad de fe elocuente. San Juan Pablo II en la encíclica Redemptor Hominis nos dice: “ la redención del mundo, misterio asombroso de Amor en el que la creación se renueva, es, en su raíz más profunda, la plenitud de la justicia en un corazón humano, el corazón del primogénito, para que así pueda hacerse justicia en los corazones de muchos, quienes precisamente, en el Hijo primogénito, han sido predestinados desde la eternidad a ser hijos de Dios y llamados a la gracia y al amor”. Estas palabras tan inspiradoras, nos permiten considerar la redención como un misterio siempre actual que responde a las aspiraciones más profundas de todo ser humano y de la sociedad en general. Todos los hombres de cualquier época o lugar han soñado y sueñan con una sociedad cada vez más justa; buscan un estilo de vida que realmente corresponda a la real dignidad del hombre; luchan por conquistar la verdadera libertad. Estas aspiraciones que inquietan los corazones son posibles de alcanzar en la medida que los hombres acojamos a aquel que es la justicia, la libertad y el modelo perfecto hombre “Jesucristo”.
El presente y el futuro de este mundo y de la sociedad dependen de la importancia que los hombres le demos a Dios y a nuestra relación con Él por medio de Jesucristo. Es por ello, que la celebración de los misterios del Señor, se convierten en un permanente anuncio y actualización de la fe. Nosotros, como sacerdotes, debemos ser los primeros en experimentar permanentemente la Redención, la alegría de haber sido salvados por Cristo del pecado y de la muerte y de haber sido introducidos por él en el Reino de los Cielos. Por ello, que esta semana santa sea en verdad una experiencia del Amor de Dios que renueve nuestro bautismo, que deje nuestro corazón enamorado de la justicia, nos colme de nueva gracia y encienda en todos aquel amor, por el cual Cristo obedeció al Padre y murió para darnos vida.
P. José Humberto







