“NO SOMOS PERFECTOS, PERO SOMOS AMIGOS DE CRISTO Y ESO BASTA”

Se ha llevado a cabo en Roma el encuentro del Papa León XIV con los sacerdotes, bajo el lema “Sacerdotes felices. Los he llamado amigos”, en el jubileo de los seminaristas y sacerdotes, con ocasión del Año de la Esperanza.

De él podemos sacar tres conclusiones muy prácticas para nuestra vida sacerdotal:

  1.   La amistad con Cristo es el fundamento de la vocación: Insistió el Papa en que la vocación es ante todo un mundo de relaciones basadas en la amistad con Cristo; incluso, afirmó que la formación sacerdotal está marcada por desarrollar en las personas esas capacidades de relación, con Cristo, con los hermanos, con la Iglesia. No bastan las competencias, también necesarias, pero sin esa amistad no se puede formar un corazón de pastor: “La amistad con Cristo es el fundamento espiritual del ministerio ordenado, el sentido de nuestro celibato y la energía del servicio eclesial al que dedicamos la vida”.
  1.   La alegría es el distintivo de nuestro ministerio: Entre los valores más apremiantes que el Papa dio a la vocación, fue el de la alegría que, conectado con el llamado a las relaciones, se constituye en la característica trasversal de la vocación: “Gracias por lo que sois. Porque recordáis a todos que es hermoso ser sacerdote, y que toda llamada del Señor es, ante todo, una llamada a su alegría”. Hizo énfasis en que un sacerdote feliz es él mismo el mensaje del evangelio. Así, nos recuerda al Papa Francisco cuando insistía en que un sacerdotes feliz contagia la alegría del evangelio; y se preguntaba, ¿a quién vamos a evangelizar con cara de cementerio?
  1.   Cristo, la Iglesia, María y nuestra fraternidad son los pilares del sacerdote: Con sus palabras nos hizo un llamado a la esperanza basada en la confianza en Jesús, que nos ha llamado amigos, que no ha desistido de confiar en nosotros a pesar de las debilidades y pecado: Dijo el Papa: “No somos perfectos, pero somos amigos de Cristo, hermanos entre nosotros e hijos de su tierna Madre María. Y eso nos basta”.

Padre Darío

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