San Antonio María Zaccaria

San Antonio María Zaccaria (Cremona, Italia, 1502 – Cremona, 5 de julio de 1539) fue médico, sacerdote, reformador de la vida cristiana y fundador de los Clérigos Regulares de San Pablo, conocidos posteriormente como Barnabitas, así como de las Hermanas Angélicas de San Pablo y de los Laicos de San Pablo. Es considerado uno de los grandes precursores de la renovación espiritual que florecería en la Iglesia durante el siglo XVI y que alcanzaría su madurez en el Concilio de Trento.

Infancia y familia

Antonio María nació en la ciudad lombarda de Cremona en el año 1502, en el seno de una familia noble. Su padre, Lázaro Zaccaria, falleció cuando el niño era aún un bebé, por lo que quedó al cuidado exclusivo de su madre, Antonieta (o Antonia) Pescaroli, una mujer profundamente cristiana que, siendo muy joven, rechazó volver a casarse para dedicarse enteramente a la formación de su hijo. Ella fue la principal influencia en la educación espiritual de Antonio María, inculcándole una intensa sensibilidad hacia los pobres y una profunda vida de oración.

La tradición conserva un episodio significativo de su infancia: al regresar un día de la escuela, encontró a un mendigo tiritando de frío y le entregó su propia capa. Este gesto anticipaba la extraordinaria caridad que caracterizaría toda su existencia.

Formación intelectual

Después de cursar los estudios iniciales en Cremona, marchó a Padua, uno de los centros universitarios más prestigiosos de Europa, donde estudió filosofía y medicina. En 1524, con apenas veintidós años, obtuvo el doctorado en Medicina.

Aunque poseía un brillante futuro profesional, comprendió pronto que la medicina era para él un medio de servir a Cristo. Atendía gratuitamente a numerosos enfermos, especialmente a los más pobres, y procuraba acompañar el cuidado del cuerpo con la atención espiritual de las personas.

Del ejercicio de la medicina al sacerdocio

El contacto cotidiano con el sufrimiento humano despertó en él el deseo de entregarse totalmente a Dios. Guiado por experimentados directores espirituales, comenzó estudios de teología mientras realizaba un intenso apostolado entre niños, jóvenes y adultos.

Fue ordenado sacerdote alrededor de 1528-1529. Desde el comienzo de su ministerio destacó por:

  • La predicación apasionada;
  • La enseñanza del catecismo;
  • La frecuente administración de los sacramentos;
  • La visita a hospitales y cárceles;
  • La formación espiritual de los laicos.

Su objetivo era renovar la vida cristiana desde el interior, comenzando por el clero y extendiéndose después a todo el pueblo de Dios.

La llegada a Milán

Hacia 1530 se trasladó a Milán, ciudad que atravesaba una profunda crisis religiosa y moral. Allí encontró colaboradores decididos a impulsar una auténtica reforma espiritual antes incluso de que comenzara el Concilio de Trento.

Antonio María comprendió que la renovación de la Iglesia debía apoyarse en sacerdotes santos, religiosos fervorosos y laicos comprometidos.

Fundación de los Barnabitas

En 1533 fundó la congregación de los Clérigos Regulares de San Pablo, aprobada por el papa Clemente VII. Más tarde serían conocidos como Barnabitas, debido a que establecieron su casa principal junto a la iglesia de San Bernabé de Milán.

Los Barnabitas se distinguían por:

  • una intensa vida de oración;
  • la pobreza evangélica;
  • la predicación constante;
  • la frecuente confesión y comunión;
  • la dirección espiritual;
  • la educación de la juventud;
  • la reforma moral del clero.

Las Hermanas Angélicas y los Laicos de San Pablo

Antonio María comprendía que la renovación de la Iglesia debía involucrar a todos los estados de vida.

Por ello fundó también:

  • Las Hermanas Angélicas de San Pablo, dedicadas a la oración, la educación y el apostolado;
  • Los Laicos de San Pablo, una asociación destinada a santificar la vida familiar, profesional y social mediante una intensa espiritualidad.

Con estas tres fundaciones anticipó, varios siglos antes, la colaboración entre sacerdotes, religiosos y laicos que hoy caracteriza a muchas familias espirituales de la Iglesia.

Su espiritualidad

Toda su espiritualidad estaba centrada en Cristo Crucificado.

Entre sus principales enseñanzas destacan:

  • Amar apasionadamente a Jesucristo;
  • Dejarse transformar por el Espíritu Santo;
  • Vivir una caridad concreta;
  • Frecuentar la Eucaristía;
  • Promover la conversión permanente;
  • Buscar siempre la santidad.

Fue uno de los grandes promotores de la Adoración Eucarística y difundió especialmente la práctica de las Cuarenta Horas, destinada a fomentar la adoración continua al Santísimo Sacramento. También impulsó el toque de las campanas los viernes a las tres de la tarde para recordar la muerte del Señor.

Enfermedad y muerte

El enorme esfuerzo apostólico debilitó rápidamente su salud.

En 1539, gravemente enfermo, regresó a Cremona, donde pudo reencontrarse con su madre. Falleció el 5 de julio de 1539, con apenas 36 años.

Sus últimas palabras fueron una invitación a permanecer fieles a Cristo y a perseverar en la obra iniciada.

Beatificación y canonización

Su culto comenzó inmediatamente después de su muerte debido a la fama de santidad que lo rodeaba.

  • Beatificación: 3 de enero de 1890.
  • Canonización: 27 de mayo de 1897 por el Papa León XIII.

Su memoria litúrgica se celebra el 5 de julio.

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