Nació el 20 de diciembre de 1676 en Porto Maurizio, en la región de Liguria, Italia. Fue bautizado con el nombre de Pablo Jerónimo Casanuova. Desde muy joven manifestó una profunda inclinación por la vida cristiana y, tras realizar sus estudios en Roma, ingresó en la Orden de los Frailes Menores (franciscanos), donde tomó el nombre de Leonardo.
Ordenado sacerdote en 1702, dedicó su vida a la predicación de misiones populares, recorriendo ciudades y pueblos de Italia para anunciar el Evangelio, promover la conversión y renovar la vida espiritual del pueblo. Se distinguió por su lenguaje sencillo, su intensa vida de oración y su gran amor por los más pobres.
San Leonardo fue un ferviente promotor del Vía Crucis. Impulsó la construcción de centenares de estaciones en parroquias, conventos y santuarios, convencido de que la contemplación de la Pasión de Cristo fortalecía la fe y llevaba a una auténtica conversión. Gracias a su labor, esta devoción se extendió ampliamente por la Iglesia. En 1750, por encargo del Papa, dirigió la instalación del Vía Crucis en el Coliseo de Roma, lugar donde aún hoy permanece como un importante símbolo de la fe cristiana.
Además de predicar, escribió numerosas obras de espiritualidad centradas en la Eucaristía, la Virgen María y la Pasión del Señor. Su celo apostólico, humildad y amor por las almas hicieron de él uno de los grandes misioneros franciscanos del siglo XVIII.
Murió en Roma el 26 de noviembre de 1751. Fue canonizado por Pío IX el 29 de junio de 1867. La Iglesia celebra su memoria litúrgica el 26 de noviembre.
San Leonardo de Puerto Mauricio es reconocido como patrono de los misioneros populares y uno de los grandes difusores del Vía Crucis, dejando un legado de profunda espiritualidad, amor a Cristo crucificado y ardor evangelizador que continúa inspirando a la Iglesia.







