OREMOS POR las personas que nos han pedido oremos por ellas.

Señor Jesús,

hoy vengo ante Ti con el corazón lleno de nombres, de rostros, de historias que me han confiado.
Cada uno de ellos lleva en el alma una súplica, una herida, una esperanza…
Algunos me han pedido oración con lágrimas, otros con silencio, otros con esa mirada que lo dice todo.
Tú los conoces, Señor. Tú sabes lo que callan, lo que temen, lo que anhelan.

Te los entrego a todos, uno por uno, como quien deja flores en tu altar.
Por los enfermos que luchan en la noche del dolor, por los que están cansados de esperar, por los que ya no tienen fuerzas para rezar, por los que lloran en secreto y sonríen para no preocupar a los suyos.

Tómalos en tus manos, Jesús, como se toma a un niño dormido: con ternura, sin ruido, con amor infinito.
Abrázalos con tu misericordia, sécales las lágrimas con tu paz, y diles al oído esas palabras que sólo Tú sabes decir: “No temas, estoy contigo.”

Señor, yo no tengo mucho para ofrecerte, pero te doy mis rodillas que se doblan por ellos, mis lágrimas que se mezclan con las suyas, y mi fe, pequeña pero sincera, que cree que tu amor puede sanar todas las heridas.

Guárdalos en tu Corazón, donde el dolor se transforma en esperanza y la soledad en consuelo.
Y cuando llegue su hora, cuando vuelvan sus ojos hacia Ti, hazles sentir que nunca estuvieron solos, porque siempre hubo alguien —aunque lejos— que los amó y oró por ellos.

Compartir

Suscríbete a nuestro boletín